La misión Artemis II representa un nuevo paso en la exploración lunar tripulada y no solo destaca por sus objetivos científicos y tecnológicos, sino también por los detalles cotidianos que hacen posible la vida en el espacio.
Uno de ellos es el sistema sanitario de la nave Orion, una innovación clave para garantizar la comodidad y la seguridad de los astronautas durante el viaje. Lo que es algo común y cotidiano en la Tierra en el espacio es un gran reto que los ingenieros han resuelto poco a poco.
¿Cómo hacen sus necesidades los astronautas?
El llamado Universal Waste Management System (UWMS), conocido popularmente como el inodoro espacial, se ha convertido en un ejemplo de cómo la ingeniería moderna resuelve desafíos aparentemente simples, pero críticos, en condiciones extremas.
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A diferencia de las históricas misiones Apollo, cuando los astronautas debían recurrir a bolsas plásticas para sus necesidades fisiológicas, la cápsula Orion incorpora un sistema avanzado diseñado específicamente para operar en microgravedad.
Dentro de la nave no existe el concepto de “arriba” o “abajo”, por lo que nada cae de forma natural. Todo debe ser controlado mediante mecanismos artificiales que aseguren higiene, funcionalidad y control de olores.
El baño de la nave se encuentra en un compartimento reducido, integrado en el piso de la cápsula. Aunque el espacio es limitado, cuenta con una puerta rígida y una cortina que proporcionan un mínimo de privacidad, algo especialmente valorado en misiones donde la tripulación comparte áreas comunes durante días. Es, de hecho, el único lugar verdaderamente privado a bordo.
¿Cómo se usa el inodoro en una nave espacial?
Para utilizar el inodoro, los astronautas deben sujetarse firmemente mediante apoyos para los pies y, en algunos casos, también para las manos.
Este paso es importantísimo: sin puntos de anclaje, el cuerpo tendería a flotar, haciendo imposible mantenerse en posición. En lugar de agua o gravedad, el sistema emplea un flujo constante de aire generado por ventiladores, que actúa como fuerza de succión para dirigir los desechos hacia los compartimentos correspondientes.
La solución para orinar
En el caso de la orina, cada miembro de la tripulación dispone de un embudo personal, adaptado anatómicamente tanto para hombres como para mujeres, conectado a una manguera flexible.
El aire transporta el líquido hasta un depósito sellado. Una vez lleno, el contenido se trata con productos químicos para evitar la proliferación de bacterias y malos olores, y posteriormente se libera al espacio, donde se congela o se evapora de forma segura.
¿Qué pasa con los desechos sólidos?
Los desechos sólidos, por su parte, se canalizan hacia un contenedor independiente dentro del sistema. Allí se compactan y se almacenan con un estricto control de olores. A diferencia de la orina, estos residuos no se expulsan al exterior, sino que regresan a la Tierra al finalizar la misión, siguiendo protocolos de seguridad y análisis.
El diseño del UWMS permite realizar ambas funciones de manera simultánea y ha sido optimizado para ser más ergonómico y universal que versiones anteriores. Su funcionamiento recuerda al del sistema utilizado en la Estación Espacial Internacional, aunque ha sido adaptado específicamente para misiones lunares de corta duración.
Durante el desarrollo de Artemis II, se registró un incidente menor relacionado con el sistema de orina, posiblemente causado por la congelación de una línea de ventilación o una falla temporal en un ventilador.
Los equipos de control en Houston resolvieron la situación orientando la cápsula hacia el Sol para elevar la temperatura. Mientras tanto, se activaron sistemas de respaldo, como urinarios portátiles, hasta que el inodoro volvió a operar con normalidad.
Aunque se trata de un equipo compacto y ruidoso, los astronautas utilizan protección auditiva, la NASA ha invertido millones de dólares en su perfeccionamiento para evitar los problemas que marcaron misiones pasadas. No es un baño doméstico, pero sí una solución altamente sofisticada que combina tecnología de vacío, control ambiental y un grado básico de privacidad.
