VIAJES ESPACIALES

Artemis II: ¿Qué hay en el lado oculto de la Luna y por qué la NASA vuelve ahora?

Descubre qué buscarán los cuatro astronautas en esta región inexplorada por humanos desde hace más de 50 años

La misión del Artemis II es establecer una presencia humana sostenible para futuros viajes. Foto: NASA
La misión del Artemis II es establecer una presencia humana sostenible para futuros viajes. Foto: NASA
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La humanidad se encuentra en el umbral de una nueva era de exploración espacial. Con el programa Artemis II, la NASA envió a cuatro astronautas a una trayectoria que no se recorría desde hace más de medio siglo. Este viaje no es solo una prueba de resistencia tecnológica, sino un retorno simbólico y científico al satélite natural, con un enfoque especial en una región que ha alimentado mitos y misterios durante décadas: el hemisferio que nunca mira hacia la Tierra.

Secretos geológicos: Lo que esconde el lado oculto

Contrario a la creencia popular del "lado oscuro", esta región recibe tanta luz solar como la cara visible; su verdadera naturaleza es ser el lado oculto. Gracias a misiones previas no tripuladas, sabemos que este hemisferio es drásticamente distinto al que observamos cada noche. Mientras que la cara visible está dominada por los "mares" (vastas llanuras de basalto volcánico oscuro), el lado oculto es un terreno accidentado, compuesto por una corteza mucho más gruesa y saturada de cráteres de impacto.

Recorrido del Artemis  II en su viaje a la Luna. Foto: NASA.

Uno de los elementos más fascinantes de esta zona es la Cuenca Orientale, una de las estructuras de impacto más grandes, antiguas y profundas del sistema solar. Los científicos creen que en este lado oculto se conservan registros geológicos intactos de los primeros miles de millones de años del sistema planetario, ofreciendo pistas sobre el origen de la Luna y la formación de la Tierra que la cara visible, más activa volcánicamente en el pasado, ha borrado.

El retorno estratégico: ¿Por qué la NASA vuelve ahora?

El regreso de la NASA con Artemis II responde a una visión de permanencia a largo plazo. A diferencia de las misiones Apolo, que buscaban llegar, plantar una bandera y regresar, el objetivo actual es establecer las bases para una economía lunar y la eventual exploración de Marte. La Luna es vista ahora como el "campo de pruebas" definitivo para probar sistemas de soporte vital, trajes espaciales y tecnologías de extracción de recursos.

Además, existe una carrera geopolítica y comercial por el control de puntos estratégicos, como el Polo Sur lunar, donde se sospecha la existencia de depósitos de hielo de agua en cráteres permanentemente sombreados. El sobrevuelo de Artemis II validará que la nave Orion es segura para transportar humanos antes de intentar el alunizaje con Artemis III, asegurando que la tecnología de comunicación y navegación funcione en las condiciones más extremas del espacio profundo.

El lado oculto de la Luna es un terreno mucho más accidentado, montañoso y carente de mares. Foto: NASA.

Silencio radial: El periodo de incomunicación total

Uno de los momentos más críticos y tensos de la misión Artemis II ocurrirá cuando la nave se desplace detrás de la Luna. Debido a que el cuerpo sólido del satélite actúa como un escudo físico, las ondas de radio no pueden atravesarlo para llegar a las antenas de la Red del Espacio Profundo en la Tierra.

Durante aproximadamente 30 a 45 minutos, los cuatro astronautas estarán en un aislamiento absoluto. En este periodo, la tripulación no podrá recibir instrucciones del control de misión en Houston ni enviar datos de telemetría. Este "silencio de radio" obliga a que todos los sistemas de la nave Orion funcionen de manera totalmente autónoma o bajo el control manual de los pilotos. Es un intervalo de incertidumbre donde el mundo esperará a que la nave emerja nuevamente por el horizonte lunar para confirmar que la trayectoria de retorno es la correcta.

La importancia de la tripulación en la toma de decisiones

La presencia de seres humanos en Artemis II marca una diferencia fundamental respecto a las sondas automáticas. La capacidad de observación directa y el juicio crítico de los astronautas permitirán capturar datos cualitativos sobre la luminosidad y los detalles del relieve lunar que las cámaras a veces no logran procesar con la misma fidelidad. Este factor humano es esencial para identificar posibles sitios de aterrizaje futuros y para gestionar cualquier anomalía técnica que ocurra durante el sobrevuelo, demostrando que la inteligencia humana sigue siendo irreemplazable en la frontera final.