El kilómetro 99 de la autopista Monterrey-Nuevo Laredo se convirtió nuevamente en un cuello de botella que asfixió al comercio internacional, generando filas de más de 20 kilómetros en su momento más crítico.
Un accidente de tráiler cerca de las casetas de Sabinas paralizó por completo el flujo vehicular hacia la frontera, afectando tanto al transporte de carga como a conductores particulares que quedaron atrapados en un embotellamiento que se extendió por gran parte de la mañana.
Si bien el tráfico kilométrico prevaleció de sur a norte, durante la misma jornada y de manera simultánea, se registró también un segundo congestionamiento, aunque en menor proporción, de Nuevo Laredo hacia Monterrey a la misma altura, es decir, que el atorón llegó a ser momentáneamente en ambos sentidos.
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En las últimas dos semanas, se han registrado al menos cuatro incidentes de alto impacto que han provocado cierres totales o parciales, sumados al incremento natural de tráfico por la temporada de Semana Santa, es decir, el usuario promedio de esta vía ha enfrentado al menos un evento de retraso mayor cada 3.5 días, sin contar las esperas habituales en las casetas de cobro.
Aunque la Guardia Nacional reportó oficialmente a las 10:32 AM un “cierre parcial” de la circulación, la realidad para los usuarios fue distinta.
En grupos de monitoreo vial como “Lo que pasa en la carretera a Laredo”, cientos de conductores confirmaron que el paro fue total durante al menos una hora, contrastando con los reportes iniciales y evidenciando la falta de rutas de escape o protocolos de desfogue efectivos en la zona.
“Se registra cierre parcial de la circulación por accidente vial cerca del Km 099+000 de la autopista Monterrey -Nuevo Laredo”, dio a conocer la Guardia Nacional en redes sociales.
La magnitud del bloqueo provocó que la fila de vehículos superara los 20 kilómetros de longitud, afectando severamente la logística del comercio internacional.
Cientos de unidades pesadas que tenían como destino los puentes internacionales de Nuevo Laredo perdieron sus ventanas de cruce, mientras que el consumo de combustible y el retraso en las entregas de mercancía sumaron costos adicionales a una jornada ya de por sí complicada.
Tras la liberación de la unidad accidentada, el tráfico comenzó a fluir de manera intermitente, pero el daño colateral ya estaba hecho. El “efecto acordeón” derivado de la acumulación de más de 20 kilómetros de vehículos convirtió el resto de la jornada en un calvario de retrasos, afectando citas de exportación y planes de viaje que no pudieron recuperarse.
