Este 14 de abril, el llamado “Soldado Enamorado” volvió a aparecer en su ya conocido punto de la ciudad, el Monumento a los Fundadores, retomando una rutina que en ciertos días o fechas especiales se sigue repitiendo desde hace más de 30 años.
Vestido con un uniforme impecable y portando un ramo de flores, el hombre permanece en silencio, adoptando posturas militares como firmes y descanso, casi sin inmutarse ante el paso constante de personas a su alrededor. No responde preguntas ni interactúa; su presencia se limita a la espera.
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Con el paso del tiempo, su historia ha trascendido de la curiosidad a convertirse en una especie de leyenda urbana en Nuevo Laredo.
Hay quienes aseguran conocer el origen de su promesa, otros simplemente lo observan con respeto o asombro, pero todos coinciden en que su constancia lo ha convertido en un símbolo singular de la ciudad.
A más de 30 años de aquella supuesta espera, su presencia sigue generando conversación entre ciudadanos y visitantes.
