PECES DE MÉXICO

¿Los catanes del río Bravo comen carne humana?; la criatura que desata pánico en la frontera

La imagen impresionante de este pez gigante, con mandíbula alargada y dientes puntiagudos, ha alimentado historias que lo presentan como una amenaza para las personas

El catán ha sobrevivido miles de años en el Río Bravo
El catán ha sobrevivido miles de años en el Río BravoCréditos: internet
Escrito en NACIONAL el

La duda sobre si los catanes del Río Bravo comen carne humana circula desde hace años en comunidades fronterizas y redes sociales.

La imagen de este pez gigante, con mandíbula alargada y dientes visibles, ha alimentado historias exageradas que lo presentan como una amenaza para las personas. Sin embargo, especialistas, pescadores y registros científicos coinciden en una respuesta clara: el catán no ataca ni se alimenta de humanos.

¿Qué come realmente este pez prehistórico?

El catán, conocido también como pejelagarto o alligator gar, es una de las especies más antiguas que habitan el Río Bravo. Su apariencia primitiva, cuerpo robusto, escamas duras y hocico similar al de un caimán ha sido clave para que se le atribuyan comportamientos que no corresponden a la realidad. Aunque puede alcanzar tamaños impresionantes, incluso superiores a los dos metros, su dieta no incluye a las personas.

Este pez es una de las especies más antiguas que evitan el río Bravo

Se trata de un depredador carnívoro, pero su alimentación se basa principalmente en peces de menor tamaño, crustáceos, moluscos y, de forma ocasional, aves acuáticas o pequeños reptiles que caen al agua. No persigue presas grandes ni muestra conductas agresivas hacia los humanos. De hecho, los biólogos señalan que el catán suele ser esquivo y evita el contacto directo.

Los accidentes asociados a esta especie están relacionados casi exclusivamente con la pesca. Sus escamas rígidas y dientes afilados pueden causar heridas si se manipula sin precaución, pero no existen registros documentados de ataques deliberados a personas. La idea de que “devora humanos” carece de sustento científico.

El origen del mito fronterizo

La creencia de que los catanes se alimentan de restos humanos surgió como una leyenda urbana en ciudades del norte de México y el sur de Estados Unidos.

En conversaciones informales y publicaciones en redes sociales se popularizó un humor negro que afirma que estos peces crecen tanto porque “se comen a los migrantes que se ahogan al cruzar el río”. Investigadores y pescadores locales han desmentido reiteradamente esa versión, recordando que la especie existe desde hace millones de años, mucho antes de los flujos migratorios contemporáneos.

Paradójicamente, en varias regiones el catán forma parte de la gastronomía tradicional. Su carne es apreciada por su alto contenido proteico y se prepara en guisos, frituras, a la parrilla o en chicharrón. Quienes la consumen la comparan con otros pescados de río, como el bagre, lo que refuerza la idea de que el pez es más víctima del mito que un peligro real.

¿Está en riesgo el catán del río Bravo?

En términos de conservación, el panorama es mixto. A nivel internacional, la especie no está catalogada como amenazada. En Estados Unidos, especialmente en Texas, se considera una población relativamente estable y valiosa para la pesca deportiva. Desde 2009, la Texas Parks and Wildlife Department estableció límites de captura para evitar la sobreexplotación.

El animal no es un monstruo, sino una de las especies más longevas de los afleuntes del norte de México

En el lado mexicano del río Bravo no existen restricciones específicas, ya que no se le clasifica como especie en peligro. No obstante, expertos advierten sobre presiones crecientes: contaminación del agua, modificación del cauce, sequías prolongadas y capturas excesivas, sobre todo de ejemplares grandes que son clave para la reproducción.

El catán crece lentamente y no se reproduce cada año, lo que vuelve frágil a la población frente a la pesca indiscriminada. Activistas ambientales y pescadores responsables promueven prácticas como la liberación de ejemplares de gran tamaño, especialmente durante la temporada de desove, para asegurar la continuidad de la especie.

Un pez impresionante, no un monstruo

Lejos de ser un devorador de humanos, el catán es un fósil viviente que ha sobrevivido más de 100 millones de años. Su mala fama responde más a mitos y exageraciones que a hechos comprobables. Con información verificada y manejo responsable, este emblemático habitante de Bravo puede seguir formando parte del ecosistema y de la cultura fronteriza sin miedo ni desinformación.