El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que suele encender alertas sanitarias cuando se detectan brotes. Ante este panorama, muchas personas se preguntan si cuentan con inmunidad o si necesitan vacunarse para evitar contagios y complicaciones graves.
Confirmar la protección es fundamental, y el primer paso suele ser revisar el historial médico o la cartilla de vacunación para determinar si el organismo cuenta con las defensas necesarias.
¿Qué pruebas sirven para saber si tuve sarampión?
La principal herramienta médica es la prueba de serología, un análisis de sangre que permite identificar anticuerpos contra el virus.
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Este estudio detecta especialmente los anticuerpos IgG, que permanecen en el organismo después de haber padecido la enfermedad o de recibir la vacuna, lo que indica protección frente a futuras infecciones.
De acuerdo con especialistas y organismos como los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y Cleveland Clinic, estos son los métodos más comunes:
- Prueba de serología: identifica anticuerpos específicos en la sangre.
- Detección de IgG: confirma infección pasada o vacunación efectiva.
- Revisión clínica: el médico analiza síntomas previos y registros médicos.
- También se recomienda consultar la cartilla de vacunación, donde normalmente se registran las dos dosis aplicadas en la infancia.
¿Qué hacer si no estoy seguro de haber tenido sarampión?
Cuando no existe un registro claro, los especialistas recomiendan asumir vulnerabilidad y acudir a vacunarse, ya que recibir una dosis adicional no representa riesgos para la salud, incluso si la persona ya era inmune.
Instituciones como el Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (CeNSIA) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sugieren:
- Buscar la cartilla o documentos médicos antiguos.
- Vacunarse si no hay certeza sobre el esquema completo.
- Aplicar una dosis extra como medida preventiva segura.
¿La vacuna es igual de efectiva en adultos?
La vacunación contra el sarampión mantiene una alta efectividad incluso en la edad adulta.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y el IMSS:
- Dos dosis: ofrecen alrededor de 97% de protección.
- Una dosis: brinda cerca de 93% de protección.
- Inmunidad duradera: el organismo desarrolla memoria inmunológica que suele mantenerse de por vida.
Además, la protección comienza a generarse pocas semanas después de la aplicación, reduciendo el riesgo de complicaciones graves como neumonía o encefalitis.
