GASTRONOMÍA

Capirotada, el postre emblemático de la Cuaresma que conquista a todo un país

Restaurantes y emprendedores hallan en este platillo oportunidad para preservar la tradición culinaria

Escrito en CULTURA el

Con la llegada de la temporada de Cuaresma, uno de los postres más emblemáticos de la cocina mexicana vuelve a ocupar un lugar especial en los hogares y, sobre todo, en los negocios locales: la capirotada.

Restaurantes, cocinas y emprendedores han encontrado en este platillo una oportunidad para preservar la tradición y, al mismo tiempo, fortalecer su economía.

Durante estas semanas, es común ver en distintos puntos de la ciudad anuncios ofreciendo capirotada casera, preparada con recetas que han pasado de generación en generación. Desde versiones más sencillas hasta otras más elaboradas con queso, nuez, coco y piloncillo, la variedad responde tanto al gusto del cliente como al sello distintivo de cada negocio.

Un ejemplo de ello es un negocio de comida del mar que, de manera temporal, ha incorporado este manjar a su menú, pero con un toque distinto: al estilo sinaloense.

Esta variante destaca por su sabor más cremoso y dulce, ya que lleva una mezcla de leches, además de ingredientes como almendra, nuez, cacahuate y otros toques especiales que le dan una textura más rica y un perfil de sabor más intenso, diferenciándose de las versiones más tradicionales.

Comerciantes coinciden en que la demanda comienza a incrementarse conforme avanza la Cuaresma, siendo los viernes y fines de semana los días de mayor venta.

“Es una tradición que no se pierde. Hacemos pocas porciones, pero así como las preparamos, así se van”, comentó Irán, propietario de un establecimiento. Los precios pueden variar dependiendo del tamaño y los ingredientes, pero en general oscilan entre los 50 y 150 pesos por porción, mientras que las charolas familiares alcanzan costos arriba de 500 pesos.

Aun así, aseguran que la respuesta del público ha sido favorable, incluso entre las nuevas generaciones que comienzan a adoptar este postre como parte de sus costumbres.

La capirotada tiene un origen que se remonta a la época colonial, cuando fue traída a México por los españoles.

Con el tiempo, el platillo se adaptó a los ingredientes locales y adquirió un simbolismo religioso, ya que tradicionalmente se consume durante la Cuaresma; algunos de sus ingredientes representan elementos de la Pasión de Cristo, como el pan (el cuerpo), la miel de piloncillo (la sangre) y los clavos de olor (los clavos de la cruz).

Además de su valor gastronómico, la capirotada representa un símbolo de identidad y unión familiar, especialmente en una temporada donde predominan las tradiciones religiosas y culinarias.

Para muchos negocios locales, su venta no solo significa ingresos, sino también la oportunidad de mantener viva una receta que forma parte del patrimonio cultural mexicano.

“Mi abuela la preparaba y ahora tratamos de seguir la tradición, pero gustaba tanto que nos pedian venderla y ahora pues aquí la ofrecemos en 140 la charolita”, comentó Sonia Torres, comerciante.

Así, entre el aroma a piloncillo y canela, la capirotada sigue siendo protagonista en la mesa y en la economía de quienes apuestan por conservar las tradiciones.