AULA ABIERTA

¿Menos clases por calor y fútbol? La educación también merece prioridad

Escrito en OPINIÓN el

Me da mucho gusto coincidir nuevamente con ustedes. Les saluda la maestra Diana. Este espacio es una oportunidad para reflexionar juntos sobre lo que vivimos en nuestras comunidades educativas. Familia querida, amigas y amigos, lectores, en los últimos días ha generado gran debate la modificación al calendario escolar anunciada por la Secretaría de Educación Pública, encabezada por Mario Delgado, donde se establece el cierre del ciclo escolar con alumnos para el próximo 5 de junio, argumentando principalmente las altas temperaturas y la realización del Mundial de Futbol 2026.

Sin duda, el tema del calor es una realidad que afecta a muchas regiones del país. Existen escuelas con infraestructura insuficiente, aulas sin clima, ventilación limitada y temperaturas extremas que dificultan el aprendizaje y ponen en riesgo la salud de alumnos y docentes. Eso no puede ignorarse. La seguridad y el bienestar físico siempre deben ser prioridad.

Sin embargo, también es inevitable que surja una reflexión importante: ¿realmente estamos atendiendo el problema de fondo o solamente ajustando el calendario? Porque el calor en México no es nuevo. Cada año enfrentamos temperaturas extremas, especialmente en estados del norte y sur del país. Y aun así, durante mucho tiempo las clases continuaron bajo las mismas condiciones. Hoy, además del clima, aparece otro argumento que ha generado polémica: el Mundial de Futbol.

El propio secretario Mario Delgado reconoció que algunos estados solicitaron modificaciones debido al evento deportivo y a las condiciones climáticas. Y es precisamente ahí donde muchas familias y docentes comenzaron a cuestionar la decisión. Porque cuando se habla de reducir más de un mes de actividades escolares, no estamos hablando solamente de días en un calendario. Estamos hablando de tiempo efectivo de aprendizaje, de convivencia académica, de acompañamiento y de formación.

Y aquí debemos ser honestos: México todavía enfrenta un rezago educativo importante. Muchos alumnos presentan dificultades en lectura, escritura, comprensión, matemáticas y hábitos de estudio. Después de la pandemia, recuperar el ritmo académico ha sido un reto constante para las escuelas. Por eso, cualquier reducción en el tiempo presencial inevitablemente genera preocupación.

Es cierto que los docentes también necesitan espacios administrativos, capacitación y descanso. La labor educativa no termina cuando el alumno sale del aula. Detrás de cada cierre de ciclo existen evaluaciones, planeaciones, análisis de resultados y preparación del siguiente periodo escolar. Pero también debemos entender algo: la educación necesita continuidad.

Como lo mencionaba Paulo Freire, la educación se construye desde la presencia, el acompañamiento y la constancia. Y cada día dentro del aula representa una oportunidad de aprendizaje que difícilmente puede recuperarse después. Además, esta decisión también impacta directamente a las familias. Padres y madres trabajadores reorganizan vacaciones, tiempos laborales y actividades conforme al calendario oficial. Cambios tan abruptos generan complicaciones económicas, familiares y de organización para miles de hogares.

Y aquí surge otra reflexión importante: si el problema principal es el calor, entonces quizá el debate debería centrarse en mejorar las condiciones de infraestructura escolar en el país. Porque cerrar antes no resuelve el problema estructural. Las altas temperaturas seguirán existiendo el próximo ciclo escolar. Las aulas seguirán necesitando ventilación, clima y espacios dignos.

No se trata de criticar por criticar. Se trata de reflexionar sobre las prioridades que estamos construyendo como país. Porque cuando un evento deportivo parece tener más peso que el tiempo efectivo de aprendizaje, inevitablemente se abre un debate social y educativo. La escuela sigue siendo, para millones de alumnos, el espacio donde más acompañamiento reciben, donde encuentran estructura, alimentación emocional, orientación y formación.

Por eso, hablar de reducir clases nunca será un tema menor.

La reflexión queda abierta. ¿Estamos priorizando realmente el aprendizaje de nuestros estudiantes? ¿Estamos resolviendo las causas o solo ajustando el calendario? ¿Estamos conscientes del impacto académico y social que tiene reducir el tiempo escolar? Porque al final, la educación no se fortalece con menos días de clase, sino con mejores condiciones para aprender. Y un país que reduce el tiempo educativo sin resolver sus problemas de fondo, seguirá enfrentando los mismos retos generación tras generación.

Quisiéramos conocer tu opinión.

Con respeto y compromiso educativo, Dra. Diana Angélica Alejandro Alemán

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