OPINIÓN

Vínculos entre la Batalla de Puebla y la Guerra Civil en EUA

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La batalla del 5 de mayo de 1862 es recordada en la historiografía mexicana como el evento referente de la intervención francesa en México. Sin embargo, casi nunca se le relaciona con los planes de Napoleón III para establecer una presencia francesa en Norteamérica que fuera un dique a la expansión del poder de Estados Unidos. Para una Europa de monarquías e imperios, el éxito del modelo republicano estadounidense y su creciente influencia en el continente americano, era una amenaza.

Matías Romero, enviado mexicano a Estados Unidos, pregonaba en Washington la estrecha relación entre la invasión francesa a México y la rebelión de los estados confederados que pretendían mantener un modo de vida anclado en la esclavitud. Asimismo, la carta de instrucciones de Napoleón III al general Federico Foley, quien fue enviado a México con tropas adicionales tras la derrota del 5 de mayo de 1862 en Puebla, ilustra claramente las intenciones francesas.

Francia requería asegurar el control de sus posesiones en el Caribe porque de ahí salían insumos vitales para sus fábricas y su comercio, bases de su poderío. Por eso veía la potencial división de Estados Unidos en dos países como un dique a su expansión hacia México y como un freno a su ambición de controlar las Antillas y América del Sur. Además, Napoleón III quería evitar que Estados Unidos fuera la fuente única de abastecimiento de productos del nuevo mundo hacia Europa.

El general Sheridan escribió en sus memorias que después de la rendición del general Robert E. Lee ocurrida el 9 de abril de 1865, evento con el que formalmente concluyó la guerra civil en Estados Unidos, el general Ulises Grant lo mandó a sellar la frontera con México en el sureste de Texas, porque estaba convencido de que la rebelión de los estados confederados y la intervención francesa en México eran dos caras de la misma moneda. En esta lógica, el general Grant quería evitar que, ya derrotados, los esclavistas buscaran refugiarse en un México ocupado por soldados franceses y austriacos, para desde ahí reagruparse. Baste recordar que, ante el bloqueo de los puertos confederados, México fue la única salida a la exportación de algodón que era la última fuente de ingresos de la Confederación.

De hecho, la última batalla de la guerra civil, que además resultó con victoria de las tropas confederadas a cargo del coronel John Ford, se libró los días 12 y 13 de abril de 1865 en Palmito Ranch, a unas millas de Brownsville, Texas, tres días después de la rendición del general Lee. Derrotadas, las tropas de la Unión al mando del coronel Barrett se replegaron a Brownsville.

De acuerdo con el general Sheridan, el general Grant estaba convencido de que la victoria sobre la confederación no sería total mientras los invasores europeos estuvieran ocupando México en respaldo del gobierno imperial de Maximiliano de Habsburgo. Mientras el Segundo Imperio Mexicano le garantizaba a Francia la seguridad de sus colonias en América, para Estados Unidos en cambio, el factor externo de su seguridad residía en la victoria de Juárez y el restablecimiento de la República en México.

A pesar de la amenaza que la ocupación francesa de México representaba para Estados Unidos, este país no apoyó a Juárez. El 6 de abril de 1862 el embajador estadounidense en México, Thomas Corwin, firmó un tratado con Manuel Doblado, ministro de Relaciones Exteriores de Juárez, cuyo objetivo era que su país hiciera un préstamo de quince millones a México para pagar los reclamos de deuda a las potencias europeas, dejando en garantía todas las propiedades expropiadas que no se habían vendido. El tratado no fue ratificado, entre otras cosas porque William Seward, el secretario de Estado de Lincoln, sabía que la intención de Francia no era cobrar la deuda sino apoderarse de México. Además, a pesar de la Doctrina Monroe en la que Estados Unidos advertía a las monarquías europeas que no toleraría nuevas incursiones en el continente americano, el temor a entrar en un conflicto con Francia, propició que Estados Unidos no apoyara a Juárez ni siquiera con la venta de armas.

A la victoria del general Zaragoza en la batalla del 5 de mayo de 1862 siguió la llegada de nuevas tropas francesas al mando del general Foley, con lo que los franceses ocuparon México imponiendo un gobierno imperial encabezado por Maximiliano de Habsburgo, el cual se extendió hasta el 15 de julio de 1867, fecha en que Juárez, después de expulsar a las tropas francesas y pasar por las armas a Maximiliano, hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México para restablecer la República.

La resistencia de las tropas liberales de Juárez impidió que Francia consolidara su presencia en México, lo que evitó la posibilidad de una alianza entre franceses y confederados, lo cual habría modificado el balance de fuerzas entre los contendientes de la guerra civil americana.

Aunque haya sido de manera indirecta, lo cierto es que la resistencia militar de Juárez y la expulsión de los soldados franceses de México, contribuyeron a la lucha de Lincoln por mantener a Estados Unidos como un solo país.

De acuerdo con el profesor David Hayes-Bautista, las primeras celebraciones de la batalla del cinco de mayo se llevaron a cabo en el área de Los Ángeles, California, en plena guerra civil, organizadas por las juntas patrióticas mexicanas. Esta población sureña de origen mexicano que había apoyado a Juárez, temía las consecuencias de una victoria de los esclavistas confederados, pues compartía con la Unión y con México, los valores de libertad y democracia en riesgo por la rebelión confederada y por la intervención francesa.

La celebración del 5 de mayo se hizo binacional en la década de los ochenta con la llegada masiva de mexicanos a los Estados Unidos de América y su poder de compra que cautivó a instituciones financieras y comerciales.

*Cónsul General de México en Laredo, Texas.