LA CRISIS DE LAS VISAS para los operadores de carga no es solo un problema administrativo o un trámite burocrático más; para Nuevo Laredo, representa una amenaza directa al corazón de su economía. Es alarmante observar cómo la falta de criterios claros por parte de las autoridades estadounidenses está dejando fuera de la jugada a cerca de 10 mil operadores.
Esta ciudad, que se enorgullece de ser la principal aduana terrestre del continente, no puede permitirse el lujo de perder tal cantidad de capital humano especializado. La cifra de 3 mil 200 visas que el gobierno norteamericano pretende retirar bajo la sospecha de cabotaje, sumada a los 6 mil 400 choferes que han optado por el repliegue ante el endurecimiento de las exigencias del idioma inglés, dibuja un escenario sombrío para el futuro del comercio binacional.
Resulta particularmente preocupante la opacidad con la que se están manejando estos procesos. Que hoy se castigue a un operador por “lo que suene a posible cabotaje” o por incidentes ocurridos hace dos o tres años, habla de una política de fiscalización que raya en la arbitrariedad. Al fusionar sus bases de datos, las agencias estadounidenses han creado un sistema de vigilancia que parece buscar el error en el pasado para castigar el presente.
Si bien el respeto a la legalidad es indiscutible, la aplicación retroactiva y subjetiva de estas normas solo genera incertidumbre en un sector que ya de por sí padece un déficit histórico de personal. No se trata de solapar malas prácticas, sino de exigir reglas de juego justas y transparentes que no asfixien la logística fronteriza.
Desde nuestra perspectiva local, queda claro que la solución debe ser integral y proactiva. Por un lado, el llamado de Pedro Lozano y la ATC a la profesionalización y al uso de herramientas tecnológicas para dominar el inglés técnico es un paso necesario en un mundo globalizado. Sin embargo, la responsabilidad no puede recaer únicamente en el transportista.
Es urgente que las autoridades mexicanas, desde la Secretaría de Relaciones Exteriores, tomen un papel más activo en la defensa de los derechos de este gremio. Si Nuevo Laredo es el motor del comercio exterior, no podemos dejar que ese motor se detenga porque a quienes lo operan se les cierran las puertas bajo criterios que, en muchas ocasiones, carecen de una explicación lógica y oportuna.

