SOPA DEL DÍA

Si en Big Bend pudieron, ¿por qué en Laredo no?

Escrito en OPINIÓN el

En el Big Bend de Texas, lograron detener la construcción del muro fronterizo dentro del parque nacional. ¿Cómo ocurrió? Hubo presión ciudadana, críticas de residentes, reclamos ambientales y oposición de personas de distintas corrientes políticas. Al final, las autoridades federales cambiaron el plan y optaron por vigilancia digital y drones en lugar de barreras físicas.

Mientras eso ocurre allá, en Laredo comienzan a llegar boyas para instalar un “muro flotante” sobre el río Bravo. La preocupación no es menor: especialistas y autoridades locales han advertido posibles afectaciones al agua, inundaciones y cambios en el cauce del río.

Aquí aparece la pregunta importante: si en Big Bend la presión social logró modificar el proyecto, ¿por qué en Laredo tendría que aceptarse como algo inevitable?

Primer argumento: las decisiones federales también pueden revisarse. Big Bend demuestra que cuando una comunidad se organiza y señala riesgos reales, el gobierno puede retroceder.

Segundo argumento: el río Bravo no es sólo frontera. También es fuente de agua y parte del entorno de miles de familias. Cualquier obra sobre el río merece análisis público serio, no únicamente decisiones tomadas desde oficinas lejanas.

Tercer argumento: seguridad y sentido común no deberían estar peleados. Instalar boyas puede verse como una solución rápida, pero si genera riesgos ambientales o hidráulicos, el costo podría ser mayor que el beneficio.

La lección de Big Bend es sencilla: no toda barrera tiene que construirse sólo porque alguien en Washington lo decidió. A veces, la presión ciudadana sí funciona.

Ojalá en los Laredos también.