LA RESOLUCIÓN judicial que hoy garantiza la protección de la “Ruta Jabalí” en Nuevo Laredo no es solo un triunfo legal en materia ambiental; es un acto de justicia frente a uno de los episodios más oscuros de la administración de Enrique Rivas Cuéllar. Este fallo pone fin a un intento de ecocidio que, bajo el amparo del poder, pretendió sacrificar el patrimonio ecológico de la ciudad en favor de intereses particulares envueltos en la opacidad.
ES FUNDAMENTAL llamar a las cosas por su nombre: fue la gestión de Enrique Rivas la que intentó el despojo de este espacio natural. Durante su administración, no solo se ignoró el valor social y deportivo de la ruta, sino que el terreno fue objeto de una adquisición profundamente cuestionada y señalada por actos de corrupción. Las irregularidades en la compra de este predio —caracterizado por sobrecostos y beneficiarios cercanos al círculo de poder de ese entonces— dejaron en evidencia un esquema donde los bienes públicos eran vistos como botín inmobiliario.
TRAS CUATRO AÑOS de batalla jurídica, el amparo obtenido por el abogado Luis Enrique Mendoza Barrientos y el respaldo de cientos de ciudadanos que firmaron la demanda inicial en 2021, representan un freno en seco a esa política de “negocios chuecos”. Este rescate demuestra que la Ruta Jabalí no es simplemente un camino para corredores y ciclistas; es un símbolo de la resistencia de Nuevo Laredo frente a una forma de gobernar que privilegió el cemento y la corrupción por encima de la salud y el entorno natural.
LA DECISIÓN judicial obliga ahora a la transparencia y a la conservación definitiva. Ya no hay espacio para la ambigüedad: este pulmón de la ciudad debe ser protegido de cualquier futura tentación privatizadora. La lección es clara: el desarrollo de nuestra frontera debe ser legal, ético y ambientalmente responsable.
HOY CELEBRAMOS que prevaleció el interés colectivo. La Ruta Jabalí se queda con su gente, como un recordatorio permanente de que el patrimonio de Nuevo Laredo no está a la venta y de que los intentos de despojo, por más poder que tengan detrás, pueden ser revertidos cuando la ciudadanía se decide a defender lo que es suyo. Todos ganamos, pero sobre todo, gana el futuro de nuestra ciudad.
