SOPA DEL DÍA

La justicia que no alimenta no es justicia

Escrito en OPINIÓN el

Hay algo profundamente absurdo en el sistema de justicia: puede declarar culpable a alguien… y aun así permitirle no cumplir.

En Tamaulipas, hay casos reales donde la pensión alimenticia existe en la sentencia, pero no en la mesa. El juez firma, el expediente se archiva… y la vida sigue, pero para mal. Porque el dinero que debía llegar nunca llega.

La iniciativa presentada por la diputada Eva Reyes no descubre el problema. Lo señala. Lo exhibe. Y, sobre todo, intenta cerrarle la puerta a esa zona gris donde la ley pierde fuerza y la realidad se impone.

Porque el problema nunca fue la ausencia de norma. El delito ya está tipificado. Las sanciones existen. El discurso institucional es impecable. Lo que falla, y falla de manera sistemática, es el cumplimiento.

Esa distancia entre lo que dice la sentencia y lo que ocurre en la vida cotidiana no es un tecnicismo jurídico: es una forma de violencia. Silenciosa, constante, casi normalizada. Una violencia que no golpea, pero que asfixia.

La propuesta introduce una idea incómoda para muchos, pero lógica para cualquiera que haya estado del otro lado: si el Estado ya resolvió, entonces el Estado debe asegurarse de que se cumpla. Así de sencillo. Así de complejo.

El mecanismo es claro: obligar a que la sentencia no sea un punto final, sino el inicio de un proceso vigilado. Un plan de pago definido, verificable, ajustable. No promesas, no buenas intenciones, no evasivas.

Y si el deudor decide jugar al escondite —cambiar de domicilio, de trabajo, de ciudad—, la ley tendría ahora herramientas para seguirle la pista. Para exigirle cuentas. Para recordarle que la obligación no desaparece porque él desaparezca.

Lo verdaderamente relevante no es la técnica jurídica de los artículos 299 Bis, Ter o Quáter. Es el cambio de lógica: dejar de castigar después del incumplimiento y empezar a prevenirlo, vigilarlo y, si es necesario, corregirlo en tiempo real.

Porque hay una pregunta que flota, incómoda, en todo este debate: ¿de qué sirve una sentencia que no transforma nada? Cuando el derecho no logra traducirse en alimento, en escuela, en bienestar, deja de ser derecho y se convierte en simulación. La iniciativa, en el fondo, intenta romper con esa simulación.

No promete milagros. Pero sí lanza un mensaje: en Tamaulipas, la responsabilidad no debería ser opcional.

Y eso, ya es un avance.

¿Usted qué opina?