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Nuevo Laredo: El circo de la desesperación política

Escrito en OPINIÓN el

En Nuevo Laredo, la fiebre electoral se ha adelantado con una intensidad que roza lo patológico. A pesar de que al calendario electoral todavía le cuelgan varias hojas y que los partidos aún tienen que resolver el rompecabezas de la paridad de género —ese filtro legal que seguramente mandará a más de un “valiente” de regreso a su casa—, la fauna política local ya anda desatada.

Lo que estamos viendo no es política; es un casting de desesperados compitiendo por ver quién hace el ridículo más rentable. Cabe decir que no vale la pena mencionarlos por su nombre, pues hacerlo sería darle juego a personajes que carecen de oportunidad real, de buenas intenciones para la ciudad, o de ambas.

El nivel de histrionismo ha llegado al extremo de jugar con la noción de una ciudad que no está para bromas, como el caso de aquel personaje que, presuntamente, habría sido atacado -o más bien empujado- mientras transmitía en vivo, deja un sabor amargo y muchas interrogantes en el aire.

Y es que utilizar narrativas de victimización para generar clics es una táctica arriesgada que busca el aplauso fácil de una audiencia digital, pero que subestima la madurez de una sociedad que sabe distinguir perfectamente entre un riesgo real y un guión diseñado para la pantalla de un teléfono. Entre tanto teatro, lo que brilla por su ausencia son las propuestas; sólo vemos una búsqueda frenética de popularidad vacía.

A la par de estos dramas de utilería, surge la estrategia de la “dádiva motorizada” como un recurso que raya en lo clientelar. Ver a una excandidata repartiendo gasolina de la mano de un influencer local es el retrato vivo de la desesperación por la vigencia. Por otro lado, aparece el aspirante que nadie conoce, esa figura gris que intenta fabricar una “chispa” de simpatía con billetazos y carretadas de inversión en redes, asistiendo a cada evento y gremio posible para suplir con pauta pagada ese perfil de líder que la naturaleza simplemente no le dio. Esto ocurre sin contar que muchos de estos rostros ya tuvieron su oportunidad de contribuir en su paso por la función pública y, lejos de servir, sólo se dedicaron a enriquecerse.

Por otro lado, resulta fascinante el fenómeno del alcalde de edad madura que ha decidido reinventarse como un “meme” viviente para seducir al segmento joven. Su repentina hiperactividad en redes, publicando versiones cómicas de sí mismo generadas por Inteligencia Artificial, es una jugada calculada para aplicar un filtro de amnesia colectiva. Le apuesta todo a los nuevos votantes, esperando que un avatar digital gracioso logre ocultar las sombras de su historial, mientras que los ciudadanos de más de 30 años observan con escepticismo cómo se pretende borrar con pixeles un controversial paso por la administración, donde los beneficios fueron para unos cuantos y no para la colectividad.

Nuevo Laredo se encuentra hoy atrapado en este desfile de aspirantes de plastilina que confunden la gestión pública con un canal de entretenimiento. Se mueven con la urgencia del que sabe que el tiempo y las definiciones legales podrían dejarlos fuera de la jugada, y por ello recurren a cualquier acto desesperado que les garantice un segundo de atención, aunque no tengan una sola idea seria que ofrecer. Sin embargo, entre ataques -o empujones- sospechosos, gasolina electoral y filtros de IA, el ciudadano crítico entiende que el liderazgo real no necesita de trucos mediáticos; una ciudad no se gobierna con contenido viral, y tarde o temprano, el espectáculo se quedará sin audiencia.

Claro, tampoco se trata de descartar a todos, pues sin duda hay algunos perfiles, aunque muy pocos, que sí se han conducido con seriedad y cuya aspiración es factible y hasta conveniente para la ciudad. Es en esos perfiles donde reside la esperanza de rescatar la política local de las garras del espectáculo irrelevante, apostando por la congruencia en lugar de la urgencia del “like”.