La s guerras se inician con una orden de ataque, pero su conclusión definitiva, a pesar de que se consiga una victoria militar, es cada vez más complicada.
Tal es el caso de la guerra iniciada el 28 de febrero con los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán. Este conflicto que en el papel sería un ataque rápido para destruir la capacidad militar de Irán, su programa nuclear y cambiar al antiguo régimen, está ya en su séptima semana con acciones militares en varios países vecinos, siendo las últimas los bombardeos de Israel a Líbano que según
la prestigiosa revista The Economist, han dejado más de 2 mil muertos y forzado a más de un millón de personas a dejar sus hogares.
Pero además de los daños materiales por los ataques militares y los muertos que ha producido, los daños de esta guerra ya se extendieron por casi todos los rincones del planeta. Sus costos los estamos pagando todos en nuestros consumos cotidianos.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con un Consejo de Seguridad, encargado de velar por la paz y la seguridad internacionales, al que todos los países miembros le cedieron parte de su soberanía para que pudiera realizar su trabajo.
Sin embargo, al igual que lo hizo Rusia atacando a Ucrania, el ataque estadounidense-israelí sobre Irán pasó por encima del mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, único facultado en nuestro mundo para autorizar el uso de la fuerza para salvaguardar la paz y la seguridad internacionales.
Que dos potencias militares y nucleares pasen por encima del marco jurídico internacional que ha permitido una relativa paz en las últimas 8 décadas, es una mala noticia para los países que basan su seguridad en el sistema jurídico internacional que sobrevive al orden de posguerra. Regresar a la incertidumbre internacional que llevó a la Segunda Guerra Mundial, está trayendo serias consecuencias a la seguridad internacional y una enorme incertidumbre a los mercados, con consecuencias catastróficas para países
en desarrollo que nada tienen que ver con estas aventuras militares de los poderosos.
De continuar la actual tendencia, sería cuestión de tiempo para que China inicie una aventura militar o que cualquier otra potencia
regrese a la práctica de ganar territorios o resolver controversias internacionales por medio de la guerra, la cual fue proscrita por el Pacto Briand-Kellogg de 1928 firmado en París por Francia y Estados Unidos, al que posteriormente se fueron incorporando casi todos los países del mundo.
Destruir lo que queda del sistema de seguridad internacional, acercará al mundo a nuevos conflictos militares. Por lo pronto, el cierre del Estrecho de Ormuz, que es el paso del 20% del petróleo que va al mercado internacional, ha provocado desabasto y en consecuencia la escasez del energético se ha traducido en incremento del precio de la gasolina y gas en todos los países que son
importadores.
La escasez y encarecimiento de los fertilizantes que inició con los ataques de Rusia a Ucrania, se han agravado con la guerra en
el Golfo Pérsico porque se han incrementado en más de un 50% los precios de insumos para fabricarlos como el fosfato diamónico y el fosfato monoamónico.
La urea también incrementó su precio en cerca del 50 por ciento en los últimos 13 meses. Los costos de los productos agropecuarios se incrementan en todo el mundo y ese incremento se está transfiriendo al consumidor.
Cuando vamos al supermercado, todos estamos pagando en los precios incrementados de los productos que requerimos para nuestro consumo diario, los impactos económicos de una guerra que no provocamos y que se hizo al margen de las vías legales previstas en el sistema de seguridad de la ONU.
Las consecuencias de la guerra en Medio Oriente ya se están viviendo también en México donde el precio de la gasolina se mantiene estable por el subsidio gubernamental a través del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Sin embargo, usar el colchón que significa el IEPS implica inyectar unos 5 mil millones de pesos por semana en subsidios a la gasolina para evitar
una escalada generalizada de precios, porque la inflación siempre afecta más a los que menos tienen.
Esa estrategia mexicana ha permitido evitar una escalada generalizada de precios que contribuya a la estabilidad económica del país, pero las pérdidas del uso de recursos financieros del IEPS son los costos de una guerra a la que los mexicanos somos completamente ajenos.
Habrá necesariamente una mayor austeridad en el gasto público del gobierno mexicano, lo cual podría impactar el crecimiento de la economía.
Pero en toda guerra siempre hay ganadores indirectos. El consumo de artefactos militares como misiles, drones, bombas, aeronaves y todos los instrumentos consumibles que cuestan millones de dólares, tendrán que ser reemplazados con costo a los contribuyentes.
Este costo de guerra para el contribuyente tiene su contraparte, un negocio millonario para quienes van a producir y vender los reemplazos del arsenal militar.
Por lo pronto, el costo de esa guerra ya lo estamos pagando todos.
Cónsul General de México en Laredo, Texas.
