SOPA DEL DÍA

Diputada y tentaciones peligrosas: ¿control a periodistas?

Escrito en OPINIÓN el

Uno quiere pensar, de verdad quiere, que fue un error.

Un desliz legislativo. Una mala lectura del momento. Un intento mal planteado de “ordenar” algo que, por naturaleza, no se ordena: el periodismo libre en Tamaulipas.

Porque si no fue un error, entonces es peor.

La iniciativa de la diputada Cinthya Lizabeth Jaime Castillo, de Morena, no solo preocupa, inquieta. Propone crear un “Colegio de Periodistas” con facultades para emitir “recomendaciones éticas” y “extrañamientos públicos”. Traducido sin maquillaje: un órgano con capacidad de señalar, exhibir y presionar las voces y las plumas de quienes ejercen el periodismo. Y eso, en un estado donde ejercer el periodismo no es precisamente un deporte de bajo riesgo, no es menor. Es una señal equivocada. Muy equivocada.

Uno quiere creer que la diputada no dimensionó el alcance de lo que planteó. Que no midió que la ética, cuando se institucionaliza desde el poder, deja de ser guía y se convierte en instrumento. Que no calculó que un “extrañamiento público” puede convertirse en una etiqueta incómoda… o en una forma elegante de disciplinar voces.

Ojalá haya sido eso: falta de cálculo, no exceso de intención. Porque si algo está claro es que el periodismo no necesita tutores legislativos. Mucho menos órganos que decidan qué es “ético” bajo criterios que, inevitablemente, terminan siendo políticos.

La Red de Mujeres Periodistas ya lo dijo con claridad: esto abre la puerta a mecanismos de presión. Y en un contexto donde muchas periodistas, muchas de ellas mujeres, ya enfrentan campañas de desprestigio y acoso, institucionalizar el señalamiento es jugar con fuego… desde el Congreso.

Ahora bien, el punto más delicado no es solo la propuesta en sí, sino lo que viene después. ¿Habrá otros diputados que la respalden?

Porque aquí es donde se define si esto fue un tropiezo individual o una línea de pensamiento más amplia. Si el Congreso entiende la gravedad del asunto… o si decide normalizar la idea de que la prensa necesita ser “corregida”.

Ojalá, de verdad, ojalá que el resto de los legisladores no comparta esta visión. Ojalá prevalezca el sentido común. Y algo más importante: el respeto a una libertad que no admite matices cómodos ni supervisiones discretas.

Cuando el poder empieza a definir la ética del periodismo, lo que sigue no es orden. Es silencio.

¿Usted qué opina?