Para muchos mexicanos quizás el nombre de Gerardo Murillo no les diga ni les recuerde nada, pues hoy pocos saben que el fue el precursor de la edad dorada de la pintura mexicana en la que destacaron otros grandes como Orozco, Siqueiros y Rivera. Su nombre adoptivo fue el Doctor ATL.
Murillo fue un gran pintor y escritor mexicano, talentos que desarrolló junto a otras disciplinas que bien dominaba, sin embargo, la vulcanología sería su punto de apasionamiento con todo lo relacionado a las formas, manifestaciones, naturaleza en si de los volcanes. Se dice que le gustaba permanecer cerca de los volcanes, en algunas ocasiones en la ladera del Monte Etna, en otras en el propio cráter del Popocatépetl. Compró tierras muy cercanas del volcán Paricutín, el plasmar sus etapas de estos a través de la pintura era su principal actividad.
Con esta pequeña introducción quizás bastaría para posteriormente dar una repasada en los medios electrónicos y descubrir todo tipo de información de este gran personaje, saber así quién fue a lo largo de su vida, todos sus logros, sus decepciones, sus obras, saber de qué y cuando murió, en dónde permanecen sus restos y si cuenta o no con algún monumento.
No, no se trata con esto de externar una biografía histórica del Doctor ATL sino más bien entender que como el, muchísimos e importantísimos personajes que engrandecieron con sus artes y talentos a México actualmente ni se les conoce o se les recuerda, al tenerlos relegados de esos espacios del diario vivir del mexicano.
Al dar cuenta que a nivel nacional solo se engrandecen esos episodios políticos, remarcados en los libros de texto educativos, generando un sinnúmero de actores revolucionarios, reforzados con esos sentimientos de paz, libertad y derechos.
Cierto es que esas son las bases de todo mexicano, por lo mismo etapas de la vida que se van trasladando de generación en generación, pero cierto es también que se dejan fuera de estas formas de recordar y engrandecer a esos otros muchos actores en sus distintas disciplinas.
Entendiendo con esto que los mexicanos no tan solo viven del recuerdo de héroes, de pasajes históricos revolucionarios, de tragedias, ya que, y después de tantos años no es necesario el estarlos recordando en todo momento y en cualquier cosa a la que de una forma obligada se tenga que acceder, portar o utilizar.
Esto a través de los libros de historia, monedas, billetes, escuelas, monumentos, centros históricos o lugares a donde acude la mayoría de la gente o los utiliza casi de una forma obligada, se tenga que “pegar” por decir así algún evento con tintes políticos o revolucionarios.
Raro es que estos mismos espacios se utilicen para externar por igual a esos cientos o quizás miles de escritores, pintores, escultores, catedráticos, ilustres maestros, poetas, grandes arquitectos entre otros y por esto hoy completamente olvidados. Esto no sucede pues esa repetición de héroes generación tras generación, no permite que dichos espacios retomen otras vertientes, otros tintes de apreciación y sentimiento que conlleve a cambiar y de tajo el arte por la política o por esas etapas revolucionarias.
Por supuesto que no se pueden menospreciar a esos héroes mexicanos, pero su constante repetición y acaparamiento de todo instrumento que de cierto modo tiene que forzosamente acceder el mexicano, provoca si ese entendimiento y reconocimiento, pero genera a su vez un agotamiento emocional.
Jorge Yapur, destacadísimo pintor tamaulipeco conocido mundialmente como el creador del “neohuastequismo”, orgullo de esta región con innumerables reconocimientos nacido en Ciudad Madero, fue un artista que contaba con ese porte único de los grandes para ser por todos al momento identificado. Sello muy particular que distinguía al pintor y artista plástico entre su público en busca del arte y conocidos que, de igual modo, y bajo su talento emanaba esa grandeza a través de sus manos.
Pero que hoy a este artista tamaulipeco desafortunadamente nadie y posterior a su muerte lo recuerda, lo reconoce; gente que si ve un trabajo de Yapur no sabrán ni quien fue, esto a falta de esa constante difusión que provoca olvido.
Ante esto ojalá que algún día, tal y como sucedió décadas atrás para seleccionar e inmortalizar a muchos héroes nacionales de la revolución o de la independencia y poner sus nombres en la historia de México, se haga algo similar para tanto talento de las diferentes disciplinas ya casi olvidados.
Convocar a nivel nacional a lo mas destacado de la historia de cada estado, ciudad, recordarlos y enorgullecerse por lo mismo, poniendo en alto y en la mirada de todos en billetes, en monedas, en libros de historia y entre otros el rostro de gente como Gerardo Murillo el “doctor Atl”, de Jorge Yapur el “neohuastequista” o localmente y porque no a la mismísima respetable señora coleccionista de arte que fue Martí Franco, mejor conocida como la “Duquesa del arte”, ¿no lo cree usted?
