COMPARTIENDO OPINIONES

Abandonados

Escrito en OPINIÓN el

“Detrás de las puertas cerradas en las colonias Guerrero y Valles Elizondo, el silencio no fue calma, sino el preludio de una tragedia que se repite con dolorosa frecuencia en nuestra frontera: la muerte en absoluta soledad.

Esta semana los nombres de Rubén y Arturo, respectivamente, se sumaron a una lista de ausencias que nacen de un olvido social profundo y silencioso que lacera a nuestra comunidad.

Ambos eran hombres de avanzada edad que, tras años de vida, terminaron sus días sin una mano que sostuviera la suya, siendo la incertidumbre de los vecinos -quienes estiman haber pasado entre cuatro o cinco días sin verlos- lo que finalmente llevó al hallazgo de sus cuerpos; sus muertes, atribuidas al desgaste natural del tiempo y afecciones propias de la edad, ocurrieron en el vacío de hogares donde el aislamiento fue el único testigo.

Este fenómeno no representa una anomalía en la dinámica urbana, sino una constante que deja al descubierto la fragilidad de nuestros adultos mayores en Nuevo Laredo, tal como se evidenció apenas unos días antes en la colonia Nueva Era con el fallecimiento de Estela, una mujer cuya ausencia fue notada por su congregación religiosa pero cuyos dolores estomacales previos no encontraron alivio en el cuidado de un familiar, derivando en su partida solitaria que subraya el distanciamiento que tantas personas sufren en la ciudad.”  

Hasta aquí la noticia que apareció la semana pasada en “El Mañana”, aparecido pocos días antes de iniciar la Semana Santa. Me lleva a las siguientes preguntas: ¿Por qué hay pobres? Quizás, para muchos de nosotros, en muchos casos, es porque son flojos, por esperar que otros los rescaten, los subsidien.

Veamos lo que nos dice el Papa en la exhortación apostólica “Dilexit te” (115): ¨Por un lado, confirmo que la ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida más acorde a su dignidad, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal”.

El hecho es que “la falta de trabajo es mucho más que la falta de una fuente de ingresos para poder vivir. El trabajo es también esto, pero es mucho, mucho más. Trabajando nosotros nos hacemos más persona, nuestra humanidad florece, los jóvenes se convierten en adultos solamente trabajando. La Doctrina Social de la Iglesia ha visto siempre el trabajo humano como participación en la creación que continúa cada día, también gracias a las manos, a la mente y al corazón de los trabajadores”. 

“Por otro lado, si aún no existe esta posibilidad concreta, no podemos correr el riesgo de dejar a una persona abandonada a su suerte, sin lo indispensable para vivir dignamente. Y, por tanto, la limosna sigue siendo un momento necesario de contacto, de encuentro y de identificación con la situación de los demás”. 

Estas últimas ideas  son las que nos cuestionan nuestro trato a los pobres. Probablemente el pobre más pobre es el que esta degradado por dentro, el que ha perdido esperanza, el que culpa a otros de su desgracia que hace aún más pesada su situación. Recordemos que el ser humano nunca pierde su dignidad… a pesar de sí mismo. Entonces aparece el abandono como una estocada final para muchos de ellos.

padreleonardo@hotmail.com