RÍO REVUELTO

Cuello de botella constante en la entrada a Monterrey

Escrito en OPINIÓN el

La conectividad de Nuevo Laredo con el interior del país tiene un “talón de Aquiles” crítico: el acceso al Área Metropolitana de Monterrey. Lo que debería ser una transición fluida hacia el motor industrial de Nuevo León se ha convertido en una zona de desastre logístico y vial, donde el trayecto se detiene en seco para miles de automovilistas particulares y operadores de transporte de carga.

El problema no es la carretera abierta, es el embudo que se genera al aproximarse a la mancha urbana. Puntos como el Kilómetro 24 y 25, cerca del Parque Industrial Nacional, y la entrada por el Libramiento Noreste, se han vuelto trampas de tiempo. Para el turista de Nuevo Laredo que busca llegar a Monterrey en Semana Santa, un tramo de apenas unos kilómetros representa ahora esperas de hasta 90 minutos. Para el transporte de carga, este retraso no solo es tiempo perdido, es una ruptura violenta en la cadena de comercio exterior.

Es inaceptable que la principal arteria comercial del continente colapse de forma simultánea por accidentes y obras de mantenimiento mal planeadas en el acceso a la zona conurbada. Mientras las familias quedan atrapadas bajo el sol, los transportistas enfrentan el riesgo de accidentes fatales y los automovilistas particulares están siempre a la expectativa del acecho de los “montachoques” que operan impunemente ante la falta de vigilancia o de consecuencias de las autoridades neoleonesas.

No basta con gestionar la carretera libre o la autopista; se requiere una intervención urgente de las autoridades de Nuevo León para modernizar los accesos. La entrada a Monterrey no puede seguir siendo un cuello de botella que castiga al ciudadano y frena el desarrollo económico. Nuevo Laredo exige una ruta digna y segura, no una trampa de asfalto que se roba horas de vida y competitividad cada semana.