La educación en México ha sido constantemente cuestionada debido a diversos problemas estructurales y a las carencias que presenta su modelo educativo, entre ellas la limitada participación de los padres de familia en las actividades escolares.
De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el sistema educativo mexicano suele ubicarse en posiciones rezagadas en comparación con otros países. Esta situación se ha atribuido, entre otros factores, a la fuerte intervención de los sindicatos magisteriales en los procesos educativos, lo que en ocasiones ha derivado en la politización de la educación. Asimismo, se ha observado un crecimiento significativo del sector educativo privado, el cual ofrece mayores recursos y beneficios en comparación con muchas instituciones públicas. A ello se suma que, en algunos casos, los procesos de evaluación en las escuelas públicas son realizados por los propios docentes, lo que genera cuestionamientos sobre la objetividad de dichas evaluaciones.
Por su parte, la educación en Finlandia es considerada uno de los sistemas educativos más exitosos del mundo. En este país no existe una presencia dominante de sindicatos en la toma de decisiones educativas y la educación básica se ofrece principalmente a través de instituciones públicas. Con el propósito de garantizar el acceso y la permanencia escolar, el gobierno proporciona transporte gratuito a los estudiantes que viven a más de cinco kilómetros de la escuela. Además, se promueve la realización de actividades recreativas, de convivencia y extracurriculares como parte fundamental de la formación, fomentando la participación activa tanto de los estudiantes como de los padres de familia.
Este modelo educativo ha generado resultados positivos, ya que a los alumnos se les orienta y capacita para que disfruten de la escuela, la valoren y contribuyan a su cuidado. Esto se logra mediante dinámicas participativas, como mesas de diálogo y trabajo colaborativo, en las que los estudiantes aportan ideas y opiniones para el desarrollo de proyectos en conjunto. Cabe señalar que este enfoque formativo se mantiene incluso en la educación superior. De esta manera, los jóvenes universitarios desarrollan capacidades de innovación, creatividad, responsabilidad y compromiso, fortaleciendo tanto sus valores morales como su crecimiento personal, espiritual y profesional.
Este enfoque educativo retoma principios pedagógicos que se remontan a tradiciones educativas clásicas, como las asociadas al pensamiento socrático, donde el diálogo, la reflexión y el aprendizaje activo desempeñan un papel central en la formación del estudiante. Por esta razón, el sistema educativo finlandés se ha posicionado como uno de los líderes a nivel mundial, caracterizándose por su énfasis en la equidad, la alta profesionalización del profesorado y la ausencia de exámenes estandarizados durante los primeros años de formación, particularmente antes de los 16 años. Asimismo, se prioriza el aprendizaje activo, el desarrollo artístico, la autonomía del estudiante, la práctica deportiva y el bienestar emocional.
En Finlandia, la docencia es una profesión altamente prestigiosa y valorada socialmente. Para ejercerla es necesario contar con estudios de maestría, lo que garantiza una sólida formación pedagógica y disciplinaria en todos los niveles educativos. Durante la educación obligatoria, que abarca aproximadamente de los 7 a los 16 años, no se utilizan exámenes estandarizados y el sistema se enfoca en el aprendizaje integral del estudiante. Aunque tanto México como Finlandia comparten el principio de ofrecer educación obligatoria y gratuita, existen importantes diferencias en la manera en que ambos sistemas implementan sus políticas y prácticas educativas.
Ante este panorama, resulta pertinente que especialistas y autoridades educativas analicen con mayor profundidad el funcionamiento del sistema educativo finlandés y las razones que han permitido alcanzar niveles destacados de calidad y reconocimiento internacional.
Hablar de una institución, empresa o sistema educativo exitoso implica también analizar el liderazgo y la visión que lo orientan. En este sentido, la educación puede entenderse como el “software” mediante el cual se alimenta y se entrena el cerebro de una nación, determinando en gran medida su desarrollo social, cultural y económico.
Finalmente, es importante recordar que la educación constituye un campo en constante transformación, en el que las ideas, los debates y los desafíos evolucionan de manera permanente. Desde la innovación en el aula hasta las políticas educativas, la equidad, la inclusión y el impacto de la tecnología, todos estos elementos influyen en la construcción de sistemas educativos más justos y eficaces, como lo señala la Dra. Nayeli Díaz Castillo en su obra Las Columnas de la Educación.
