RÍO REVUELTO

El rostro invisible del abandono en nuestra ciudad

Escrito en OPINIÓN el

En Nuevo Laredo la celeridad del comercio mundial y el estruendo constante de los cruces fronterizos contrastan dolorosamente con un silencio que lacera nuestra conciencia colectiva como es el de los adultos mayores que exhalan su último suspiro en la más absoluta soledad, sin que nadie note su ausencia hasta que el paso de los días hace inevitable el hallazgo de sus cuerpos en el vacío de hogares que alguna vez albergaron vida y esperanza.

Los casos recientes de Rubén y Arturo en las colonias Guerrero y Valles Elizondo, no son anécdotas aisladas del registro civil sino síntomas de una descomposición social profunda, donde el aislamiento se ha convertido en el único testigo de muertes atribuidas al desgaste natural, pero que en el fondo revelan una desnutrición de afectos y una deshidratación de redes de apoyo que hoy define la fragilidad de nuestra tercera edad en la frontera.

Esta racha de olvido que también alcanzó a Estela en la colonia Nueva Era y al hombre desconocido que falleció bajo un cuadro severo de desnutrición en el Hospital General, nos obliga a confrontar una realidad fronteriza marcada por la migración y la separación familiar donde las deportaciones o la búsqueda de una mejor vida en Estados Unidos, dejan atrás a padres y abuelos que terminan sus días como Ana Griselda, quien desde Guatemala llegó para vender franelas y terminó siendo recordada solo por el resplandor de un televisor encendido día y noche en una habitación rentada.

Resulta imperativo que como sociedad de Nuevo Laredo dejemos de normalizar la indiferencia y el despojo de la dignidad humana en el ocaso de la vida, pues independientemente de las decisiones personales o los distanciamientos familiares, cada una de estas personas por su condición humana, no deberían enfrentar el final en el aislamiento total ya que una ciudad que no cuida a sus ancianos es una comunidad que ha perdido su brújula moral frente a la vorágine del movimiento constante.