LA RECIENTE puesta en marcha de los sistemas de revisión no intrusiva en el Puente Internacional II “Juárez-Lincoln” de Nuevo Laredo representa un avance tecnológico que la aduana más importante de América Latina ya exigía. Sin embargo, como todo cambio de gran calado, ha llegado acompañado de dudas y mitos que es necesario aclarar para que el beneficio sea colectivo.
Una de las principales reticencias de los conductores al enfrentar los nuevos equipos, como el P60 de Rapiscan Eagle o el CarView, es el temor a la radiación, claro, es común escuchar la preocupación de que la exposición constante sea equivalente a una radiografía médica de alta intensidad, sin embargo, la realidad técnica es distinta.
Estos sistemas están diseñados específicamente para el escaneo de vehículos en movimiento con niveles de energía controlados que no representan un riesgo para la salud de los ocupantes ni dañan las mercancías.
Es fundamental entender que esta es prácticamente la misma tecnología que se utiliza desde hace tiempo en el lado estadounidense del mismo puente, pues, si como usuarios cruzamos diariamente hacia el norte bajo estos estándares sin inconvenientes, no hay razón técnica para temerles al ingresar a territorio mexicano.
La implementación de esta tecnología busca precisamente la homologación, al utilizar equipos que generan imágenes de transmisión de energía dual -capaces de distinguir entre amenazas metálicas y orgánicas-, la Aduana de Nuevo Laredo se pone al nivel de los estándares internacionales de seguridad y agilidad.
En conclusión, el miedo a lo desconocido no debe frenar el progreso de nuestra ciudad. La adopción de estos sistemas es el camino para que Nuevo Laredo deje de ser un cuello de botella y se convierta en una verdadera aduana inteligente y si ya confiamos en esta tecnología al cruzar hacia Estados Unidos, es momento de aceptarla como el estándar de eficiencia que nuestra frontera merece de este lado del Bravo.
