RÍO REVUELTO

El peligro invisible bajo el suelo de Webb

Escrito en OPINIÓN el

EN EL CONDADO DE WEBB, el progreso energético de las últimas décadas está dejando una herencia costosa y peligrosa: 96 pozos huérfanos que hoy son bombas de tiempo ambientales.

Lo que más preocupa no es solo el número actual -que se ha duplicado desde 2021- sino la sombra de los casi 8 mil pozos inactivos que, ante cualquier insolvencia financiera de sus operadores, podrían pasar a ser responsabilidad del erario.

Para nosotros en Laredo, esto no es un debate técnico, es una cuestión de supervivencia, pues como bien señala Tricia Cortez del Centro Internacional de Estudios del Río Grande (RGISC, nuestra única fuente de agua potable es el río Bravo y la filtración de químicos, salmuera o metano hacia nuestros acuíferos y cuencas no es una posibilidad remota, sino un riesgo latente exacerbado por la presión subterránea de las actividades de inyección cercanas.

Resulta inaceptable que, mientras 61 compañías operan más de 20 mil norias activas en nuestra zona, el costo de “limpiar el desorden” (promediando 57 mil dólares por pozo) recaiga a menudo en fondos federales como la Ley de Inversión en Infraestructura y Empleos (IIJA).

Si bien los 80 millones de dólares aprobados recientemente para tapar y disponer propiamente de estos, son un respiro, la magnitud del problema en Texas -estimada en 9 billones de dólares- demuestra que las regulaciones actuales de la Comisión de Ferrocarriles (RRC) son insuficientes para obligar a las empresas a un cierre responsable.

Sin embargo, hay una luz de esperanza en la innovación local, y es que las investigaciones de TAMIU sobre el aprovechamiento de la energía geotérmica en la formación Eagle Ford sugieren que no todos los pozos deben ser enterrados; algunos podrían transformarse en activos de energía limpia.

Al final, tal vez sea hora de que el estado endurezca las garantías financieras a los operadores antes de que abandonen la región, pues no podemos permitir que las ganancias se vayan a las corporaciones mientras los riesgos de contaminación y explosiones se quedan en el patio trasero de nuestras familias.