LA GEOGRAFÍA nos ha bendecido como la aduana terrestre más importante de América, pero hoy, esa misma interdependencia nos pasa una factura costosa, pues en menos de un mes, los residentes de Laredo, Texas, y Nuevo Laredo, Tamaulipas, han pasado de la estabilidad a la incertidumbre económica, viendo cómo los tableros de las gasolineras cambian de precio casi con la misma rapidez con la que cruzan los camiones de carga por nuestros puentes internacionales.
El panorama en Laredo es el más alarmante, pues lo que hace apenas unas semanas era una preocupación moderada, hoy es una crisis de consumo, con el galón de gasolina regular cotizándose en $3.38 dólares, un incremento asombroso de más de un dólar respecto al mes anterior, mientras que quienes requieren combustible Premium, ahora deben pagar 4.27 dólares.
Con ese panorama, la preocupación colectiva no es gratuita, pues el fantasma del récord histórico de 4.51 dólares de junio de 2022 acecha de nuevo las billeteras de los laredenses.
En Nuevo Laredo, aunque de momento la escalada de precios en el combustible se ha frenado por acuerdos del gobierno, aún así la frontera no es ajena a ese fenómeno, pues en apenas unos días, el litro de gasolina aumentó 30 centavos, situándose en un promedio de 21.15 pesos para la verde (Magna) o regular.
Este ajuste, impulsado por el crudo que ya rebasa la barrera de los 100 dólares por barril debido al conflicto en Irán, una guerra a miles de kilómetros de nuestra comunidad, que pone en jaque la economía doméstica de miles de familias que dependen del comercio transfronterizo.
Para una región que vive del movimiento, el combustible no es un lujo, es el motor de la supervivencia y cuando la gasolina sube 50 centavos en una semana, como ha ocurrido en Texas, el efecto dominó es inevitable: sube el flete, sube el costo de la canasta básica en los supermercados de ambos lados y se reduce el flujo de visitantes que alimentan el comercio local.
Hoy, los residentes de los Dos Laredos se encuentran cazando ofertas, buscando estaciones que aún mantienen precios de “resistencia” o cruzando el puente con la esperanza de encontrar un centavo de ahorro.
Sin embargo, mientras las tensiones en el Medio Oriente sigan cerrando flujos de petróleo, la frontera seguirá siendo rehén de una geopolítica lejana que golpea con fuerza nuestro bolsillo cotidiano, es momento de que las autoridades locales y estatales comiencen a evaluar medidas de mitigación, antes de que el motor económico de la región termine por sofocarse.
