LA ESTABILIDAD ECONÓMICA en Nuevo Laredo suele medirse en pesos y centavos, pero hoy los centavos han comenzado a pesar más de la cuenta, y es que, tras dos meses de una tregua en los precios energéticos, la realidad del mercado internacional y las tensiones geopolíticas han alcanzado finalmente las estufas y los tanques de gasolina de las familias neolaredenses.
EL RECIENTE AJUSTE al Gas LP -fijado ahora en $9.62 por litro y $17.82 por kilo- rompe una racha de descensos que oxigenaba el gasto doméstico y aunque el incremento de 15 y 29 centavos parezca moderado, su trasfondo es complejo, pues el Gas Licuado de Petróleo es un subproducto del refinamiento y del procesamiento del gas natural; por tanto, su precio está encadenado a la cotización del crudo y a la disponibilidad logística.
POR MÁS LEJANO QUE PAREZCA, con el inicio de las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán el 28 de febrero, las rutas de suministro en el Estrecho de Ormuz -por donde pasa una quinta parte del petróleo y gas mundial- se han visto amenazadas, y esta inestabilidad dispara los seguros de transporte y el costo de oportunidad, provocando que el gas butano que consumimos en la frontera y en muchos otros lugares, se encarezca preventivamente.
En una ciudad donde el clima extremoso obliga a un consumo intensivo, el gas no es opcional; es la base de la alimentación y la higiene diaria que hoy paga la factura de un conflicto a miles de kilómetros.
EN EL SECTOR TRANSPORTISTA, el panorama es más notorio, pues el salto de la gasolina Magna a $21.15 por litro representa un gasto extra de hasta 18 pesos por carga en camionetas SUV, vehículos fundamentales para la dinámica fronteriza.
Y como bien nos dijo la señora Angélica Robles en la nota publicada ayer; un peso más en el tanque es, invariablemente, un peso menos en el bolsillo para el súper o el ahorro, por lo que el impacto es acumulativo y silencioso, erosionando la planificación semanal de quienes ya tienen el presupuesto ‘medido’ o hasta limitado.
Lo que ocurre en la “ciudad hermana” sirve como termómetro; pues el aumento del 17% en los precios de Estados Unidos ha empujado el galón en Laredo, Texas, por encima de los 3 dólares (promediando $3.19).
Esta presión externa termina filtrándose a nuestro lado de la frontera, ya que el precio regional debe mantenerse competitivo para evitar distorsiones en el mercado, recordándonos que Nuevo Laredo no es una isla, sino un nodo que no es ajeno a la volatilidad global.
El incremento actual es una señal de alerta, pues la economía familiar en la frontera se encuentra en un equilibrio precario en que el combustible y el gas actúan como el motor de la inflación local.
Y mientras las autoridades manifiestan tener una vigilancia estricta sobre los precios máximos, es importante que nosotros como consumidores adoptemos una cultura de previsión, pues en Nuevo Laredo, cada centavo cuenta, especialmente cuando el entorno global parece decidido a encarecer el costo de nuestra vida cotidiana.
