RÍO REVUELTO

UISD: ¿Ahorro financiero o costo social?

Escrito en OPINIÓN el

LA EDUCACIÓN PÚBLICA en el Distrito Escolar Independiente Unido (UISD) de Laredo, se encuentra en una encrucijada donde la aritmética financiera choca frontalmente con el bienestar social.

La propuesta de cerrar cinco escuelas primarias y un campus de sexto grado para el ciclo 2025-26 no es solo una medida administrativa; es un síntoma de una crisis presupuestaria que amenaza con alterar el tejido mismo de nuestras comunidades.

Con una caída en la matrícula de 44  mil a 39 mil 500 alumnos y un déficit proyectado que podría alcanzar los $44 millones de dólares, el pragmatismo parece dictar la agenda.

Y aunque pudiera ser comprensible que el presidente de la mesa directiva, Javier Montemayor, y el superintendente Gerardo Cruz busquen la eficiencia operativa; mantener infraestructuras subutilizadas es, financieramente hablando, insostenible bajo el esquema actual de fondos estatales, sin embargo, hay que tomar en cuenta también, que la eficiencia en los libros contables no siempre se traduce en eficacia educativa.

Las protestas de padres de familia y vecinos no son meros caprichos sentimentales, pues al proponer la reubicación de estudiantes de planteles como Amparo Gutiérrez, Finley o el icónico caso de JFK-Zapata en El Cenizo, el distrito estaría ignorando o pasando a un segundo plano el impacto logístico y emocional de las familias que residen cerca de dichos planteles.

¿Cómo afectará el aumento en los tiempos de transporte a la puntualidad y al descanso de los niños? ¿Qué garantías de seguridad existen al saturar otros planteles como Clark, Zaffirini o Trautmann?, son los cuestionamientos que comienzan a surgir en Laredo.

Una escuela es más que un edificio; pues en muchos casos es el corazón de un vecindario y por lo tanto, al cerrar se desmantela un punto de encuentro comunitario y se genera una incertidumbre que podría afectar de una u otra manera el rendimiento académico de los menores, por todas las implicaciones de un movimiento tan drástico.

La decisión final, postergada para mayo de 2026, otorga una ventana crítica para el diálogo, en la que UISD no debería ver los talleres públicos como un obstáculo, sino como una fuente de soluciones alternativas y, antes de proceder con el cierre definitivo de planteles como Dr. Henry Cuellar o Matías de Llano, la junta debe demostrar que se agotaron todas las vías de ahorro administrativo y que la consolidación es, verdaderamente, el último recurso y no la salida más fácil.

La educación no puede medirse únicamente por el costo por alumno, pues el futuro de nuestros estudiantes y la estabilidad de las familias de Laredo y sus alrededores valen mucho más que un ajuste presupuestal.

Entendemos que el dilema no es sencillo de resolver y, la mesa directiva tiene hasta mayo para decidir si será recordada por salvar las finanzas o por sacrificar la cercanía y la identidad de sus comunidades escolares.