Dar becas está bien, muy bien. Es justicia social básica.
Pero dar dinero sin enseñar a administrarlo es como repartir paraguas en huracán.
La iniciativa para incorporar educación financiera en las escuelas de educación media superior y superior en Tamaulipas parte de una verdad incómoda: millones de jóvenes reciben apoyos, pero nadie les enseña a presupuestar, ahorrar o evitar deudas. El recurso llega… y se esfuma.
No por irresponsabilidad, sino por ausencia de formación.
Vaya que es necesario enseñar a los jóvenes a administrar su dinero. El sistema educativo ha pateado durante décadas: herramientas para la vida real.
Qué es una tasa de interés, cómo funciona, cómo se hace un contrato, qué elementos tiene, qué mecanismos de defensa, qué son los derechos y las obligaciones. Eso les ayudará muchísimo en toda su vida.
Educar financieramente no condiciona la beca, la potencia; convierte el apoyo en herramienta de permanencia escolar y, más importante, en aprendizaje para la vida adulta.
Y ahí, justo ahí, está el verdadero impacto público.
