COMPARTIENDO OPINIONES

Un mundo nos vigila

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Hace pocos días, en un periódico español, aparece una noticia que, en diversas variaciones, se ha vuelto cada vez más común:

“La obsesión de los turistas por hacerse el selfie perfecto les lleva a veces a desafiar el sentido común y exponerse a situaciones peligrosas. Es lo que le ha ocurrido a una turista china que, en efecto, ha salido herida tras hacerse una foto junto a un leopardo de las nieves.

La imagen se ha vuelto viral en China. Los hechos ocurrieron en las pistas de la estación de esquí de Koktokay, en la región autónoma Uigur de Xinjiang, noroeste de China.

La protagonista estaba en un grupo cuando divisaron a un leopardo de las nieves. La mujer decidió acercarse para poder sacarse un selfie en el que se apreciara claramente al animal salvaje.

El caso es que la turista logró su objetivo y de hecho, captó una espectacular foto de ella misma con el leopardo a su espalda, listo para atacar, que es exactamente lo que ocurrió.

Hasta aquí la noticia. La turista alcanzó a sobrevivir, aunque quedó malherida. Pero la frecuencia en que aparecen estas noticias en nuestros días, es un indicativo de que manera los medios digitales han mermado en muchos de nosotros la voluntad y el dominio de uno mismo.

Lamentablemente, cada vez más hemos permitido como personas y como familias, que sea la tecnología digital la que acapare nuestra atención.

Hace pocos días, el Papa hablaba así de la tecnología digital (24 de enero):

“La cuestión que nos importa, sin embargo, no es en lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio. Desde siempre, el hombre se ha visto tentado a apropiarse del fruto del conocimiento sin el esfuerzo que supone el compromiso, la investigación y la responsabilidad personal. Sin embargo, renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación, significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz.

“La tecnología que se aprovecha de nuestra necesidad de relacionarnos no solo puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas, sino que también puede dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades. Esto ocurre cuando sustituimos las relaciones con los demás por relaciones con IA entrenadas para catalogar nuestros pensamientos y, por lo tanto, para construir a nuestro alrededor un mundo de espejos, donde todo está hecho “a nuestra imagen y semejanza”. De este modo, nos privamos de la posibilidad de encontrar al otro, que siempre es diferente a nosotros y con el que podemos y debemos aprender a relacionarnos. Sin la aceptación de la alteridad no puede haber ni relación ni amistad.

“El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados.

“Esta alianza es posible, pero necesita fundamentarse en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.

“En primer lugar, la responsabilidad. Según las funciones, esta puede traducirse en honestidad, transparencia, valentía, capacidad de visión, deber de compartir conocimientos, derecho a estar informado. Pero, en general, nadie puede eludir su responsabilidad ante el futuro que estamos construyendo.

“Al igual que la revolución industrial exigía una alfabetización básica para que las personas pudieran reaccionar ante las novedades, la revolución digital también requiere una alfabetización digital (junto con una formación humanística y cultural) para comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad, cómo funcionan los prejuicios de la IA, cuáles son los mecanismos que determinan la aparición de determinados contenidos en nuestros flujos de información (feeds), cuáles son y cómo pueden cambiar los supuestos y modelos económicos de la economía de la IA.

“Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica.”

padreleonardo@hotmail