AULA ABIERTA

¿Cantidad o calidad en la educación media superior?

Escrito en OPINIÓN el

Cuando el desorden se normaliza, deja de sorprender y comienza a dañar. Hola, qué tal. Les saluda la maestra Diana. Como cada semana, hoy quiero invitarles a reflexionar sobre una realidad que muchas veces se comenta en voz baja, pero que se vive a plena vista en nuestras instituciones educativas. Familia querida, amigas y amigos, lectores. Existen problemáticas en el sistema educativo que no están ocultas, que no requieren diagnósticos complejos para ser identificadas, porque son visibles para todos. Sin embargo, a pesar de ser evidentes, se permiten, se toleran y no se corrigen.

Hoy esa realidad se manifiesta con fuerza en el sobrecupo que enfrentan muchas instituciones de educación media superior. CBTis, preparatorias, COBAT y otros subsistemas operan actualmente con grupos que rebasan los 50, 60 e incluso 65 alumnos por salón, una cifra que debería encender alertas, pero que poco a poco se ha ido normalizando como si fuera parte natural del sistema.

El problema no es que más jóvenes quieran estudiar; al contrario, eso debería celebrarse. El verdadero conflicto surge cuando el crecimiento de la matrícula no va acompañado de planeación, infraestructura suficiente y condiciones adecuadas para el aprendizaje. Cuando un aula se satura, la educación deja de ser un proceso formativo integral y comienza a fragmentarse.

En grupos tan numerosos, la atención personalizada se vuelve casi imposible. Detectar rezagos académicos, necesidades emocionales, problemas de conducta o incluso situaciones de riesgo resulta cada vez más difícil. El alumno comienza a diluirse entre decenas de compañeros y corre el riesgo de convertirse en un número más dentro de una lista, no en una persona con nombre, historia y necesidades específicas.

Los docentes, por su parte, enfrentan un desgaste silencioso. No es falta de compromiso ni de vocación; es una limitación real. Preparar clases, evaluar, retroalimentar, mantener la disciplina y promover la convivencia en grupos tan grandes exige un esfuerzo extraordinario que muchas veces no es reconocido ni acompañado. Aun así, se sigue exigiendo calidad educativa en condiciones que claramente la dificultan.

El discurso institucional habla de inclusión, de equidad y de educación de calidad, pero ese discurso pierde fuerza cuando la realidad del aula no permite atender adecuadamente a los estudiantes. Incluir no es saturar, y ampliar cobertura sin condiciones no es garantizar derechos. La educación media superior no puede seguir creciendo solo en números, dejando de lado la calidad de los procesos formativos.

Las familias también lo perciben. Ven salones llenos, escuchan a sus hijos hablar de aulas rebasadas y comienzan a cuestionarse si realmente se les está ofreciendo una educación que responda a sus expectativas y necesidades. Cuando la experiencia escolar se vuelve impersonal, la confianza en las instituciones se debilita.

Normalizar el sobrecupo es aceptar que la calidad se negocie. Es asumir que aprender en condiciones óptimas es un privilegio y no un derecho. Es posponer decisiones urgentes en materia de planeación educativa, mientras alumnos y docentes hacen lo posible por sostener un sistema que ya muestra signos claros de saturación.

La educación media superior requiere una reflexión seria y responsable. No basta con abrir más espacios si no se garantizan las condiciones para que esos espacios cumplan su función formativa. Apostar solo por la cantidad puede dar cifras favorables, pero apostar por la calidad es lo que realmente transforma vidas.

Como siempre, la reflexión queda abierta. ¿Estamos apostando por cantidad o por calidad en la educación media superior? ¿Qué costo tiene seguir normalizando aulas saturadas? ¿Qué mensaje enviamos a nuestros jóvenes cuando aceptamos que aprender en condiciones limitadas sea lo habitual? Quisiéramos conocer tu opinión.

Con respeto y compromiso educativo.

Dra. Diana Angélica Alejandro Alemán

Aula Abierta

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