Es complicado tratar de entender la gravedad de la situación por la crisis del agua, especialmente cuando en Nuevo Laredo y Laredo, Texas, simplemente giras la llave y sale el chorro, casi siempre suficiente, para nuestras necesidades.
Pero pocos, muy pocos, tienen una idea clara de lo grave que es. Ya en varias ocasiones el río Bravo, ese dador y sostenedor de vida que pasa juntos a los dos Laredos, nos ha dado sustos. La última fue que su nivel era tan bajo, que las bombas de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado sufrieron para bombear el líquido hasta las plantas potabilizadoras.
Es triste ver que nadie ve, o peor aún, que nadie quiere ver lo malo que es todo, especialmente cuando ves a personas que sacan la manguera y la usan para lavar su carro o limpiar la banqueta, cuando hay algunos que dejan la llave abierta y se ve un charco que sale desde sus casas o jardines y recorre cuadras antes de caer en las alcantarillas.
También es triste ver que otras personas escuchan que su baño suena, suena y suena sin parar porque tiene una descompostura y su válvula no cierra y sigue y sigue desperdiciando agua. Y pensar que apenas cuesta unos cuantos pesos repararlo y hasta ahorrarse dinero a la hora de pagar el recibo. Pero todo eso no es tan grave como cuando escuchas a esas personas decir: “¡Para eso la pago!”.
No, no la paga en realidad, no su verdadero costo. Si los gobiernos decidieran cobrar el verdadero valor del agua, lo que cuesta procesarla, limpiarla y hacerla apta para que llegue a nuestros hogares sería casi tan cara como la electricidad y entonces, sólo entonces, quienes la desperdician la pensarían dos veces.
La verdad es que cuidar el agua ni siquiera es complicado, no hay que invertir en grandes instalaciones, no hay que hacer megatrabajos, nada de eso. Es tan simple como dejar de estar media hora bajo la regadera y reducirlo a 10 o menos minutos, es usar un vaso para lavarnos los dientes, es usar el agua que sobra de los aires acondicionados para las plantas, para limpiar la banqueta, esa que también queda limpia si se usa la escoba en lugar de la manguera.
Hoy mismo, la presa La Amistad, la que nos surte de agua a los ambos laredenses y a millones de mexicanos y texanos, está al 22 por ciento de su capacidad y, más grave aún, no toda esa agua se puede utilizar.
¿Vamos a esperar a que nos den agua por turnos? O peor aún, ¿a que ya no salga nada de la llave para entonces tomar verdadera conciencia de su valor?
