HOY COMIENZA la cuaresma con el miércoles de ceniza para una comunidad que hasta ahora parece predominantemente católica, aunque la forma de aproximarse a esta celebración parece haber cambiado un poco con las generaciones recientes.
Para empezar, los viernes la gente opta por no comer carne, sin embargo la realidad es que usualmente se hace más por inercia que por conciencia y en ocasiones casi como una especie de superstición, pero sin convertir este espacio en un texto religioso, vamos a entender el contexto histórico que al final tiene un impacto en el comercio local, pues la venta de pollo y mariscos incrementa considerablemente.
El origen de no comer carne en Cuaresma se remonta al siglo II como una forma de penitencia, purificación y sacrificio de los cristianos, imitando los 40 días de ayuno de Jesús en el desierto. Esta práctica, centrada en los viernes de Cuaresma y Miércoles de Ceniza, simboliza el respeto por el cuerpo de Cristo (carne) sacrificado y representa una forma de austeridad al evitar alimentos de “lujo”.
Entendiendo lo anterior, históricamente, la carne roja era un alimento asociado a banquetes y celebraciones, por lo que su renuncia simboliza la humildad y la austeridad, mientras que los pescados y mariscos eran considerados alimentos más sencillos o de menor valor que la carne de la tierra, pero hoy -a menos que viva en la playa- la comida del mar es más costosa.
Platicando con algunos sacerdotes locales, nos comentaban que más allá de privarnos de la carne y gastar más en pescados y mariscos para cumplir con esa costumbre, se trata de retomar la idea original, algunos sugiriendo incluso que al alimentarse de forma ‘austera’ o sin lujos, se puede destinar lo ahorrado, a una buena causa de su elección; aunque eso último ya fue más una opinión, aunque sin duda invita a una buena acción.
