HACE UN PAR DE SEMANAS platicamos con una familia que se ‘auto deportó’ a Nuevo Laredo, motivados por el temor a que eventualmente el ICE detuviera a alguno de los padres y complicara la situación con los hijos, además de pasar por ese tedioso proceso de permanecer en un centro de detención y enfrentar la eventual expulsión que evitaría poder renovar la visa en algún momento, entre tantas otras posibles consecuencias.
Más allá de una campaña o imágenes que se ven en las noticias, la comunidad migrante experimenta esa guerra o presión psicológica en vivo y a todo color al ver las patrullas y agentes deteniendo personas en cualquier momento y lugar para cuestionar su estatus migratorio, lo que refuerza ese temor, ya sea como testigos presenciales o por personas allegadas que les platiquen la situación.
Al final, todo eso ha hecho que algunos paisanos vinieran a Nuevo Laredo, usualmente con miras a que sea temporal, solo para esperar a que pase la administración Trump y con esperanzas de que quien siga de él, tenga una perspectiva distinta en cuanto a la migración, que si bien nadie espera que sea de puertas abiertas como tal, que al menos no promueva la persecución como ocurre actualmente.
De manera muy contrastante, las deportaciones han alcanzado niveles históricamente muy bajos, esto a pesar de la enorme fuerza dedicada a detener personas que residan en los Estados Unidos de manera ilegal, ni se diga el enorme presupuesto destinado a la contratación de agentes, construcción de centros de detención, etc.
Esto último podría significar varias cosas; una de ellas es que todas esas acciones del ICE sean una forma mediática y presencial de desalentar al segmento migrante, que sin duda lo es, aunque tal vez no era la estrategia principal, mientras que la que posiblemente sí era la intención central, pero que ha fallado magistralmente, es la detención y expulsión masiva que Trump prometió en campaña y al inicio de su administración, pero que solo ha derivado en estallido social y un contínuo descenso en la aprobación del presidente norteamericano.
Claro, ese estallido social también contribuye a generar miedo en la comunidad migrante, pero también ha afectado el turismo y otros aspectos.
