SOPA DEL DÍA

El frío y los autobuses públicos

Escrito en OPINIÓN el

El frío no perdona, y estos días, con horas enteras rondando la congelación, hay algo que debería dolernos más que el clima: la gente esperando camiones urbanos como si estuviera pidiendo un milagro.

Mientras el termómetro baja, hay pasajeros que no pueden darse el lujo de simplemente “quedarse en casa”. Ellos tienen que salir. Trabajar. Estudiar. Llegar. Resistir.

Y lo hacen parados en una esquina, con las manos en los bolsillos, mirando la calle vacía como quien mira una promesa incumplida.

A propósito, el subsecretario del Transporte, Armando Núñez Montelongo, dijo a los concesionarios, que no pueden seguir “en la comodidad” mientras los usuarios pagan el costo. Tiene razón.

Porque suspender recorridos no es un detalle administrativo: es dejar a la gente abandonada para llegar a su hogar o trabajo en duras condiciones.

Hace poco se autorizó un aumento de tres pesos, después de una década sin ajustes. Tres pesos que, en teoría, venían con una condición muy simple: “garantizar el servicio hasta la última vuelta”.

Pero aquí está el problema: en el transporte público, muchas veces la última vuelta es una fantasía.

Núñez lo explicó sin rodeos: el 70% de los choferes renta las unidades. Y cuando ya cubrieron la renta del día, paran. Se acabó. A las siete u ocho, adiós.

Aunque el horario diga otra cosa.

Aunque la ciudad siga viva.

Aunque la gente siga esperando.

El transporte se convierte entonces en una especie de negocio de “hasta donde me convenga”, no de servicio público. Y eso es grave.

El gobierno da seis meses para instalar contadores con cámaras, para transparentar el recaudo y evitar fugas. Suena técnico, moderno, inevitable.

Pero mientras llega el futuro, el presente sigue siendo una parada fría, un camión que no pasa, y un usuario que no debería estar rogando por lo mínimo.

El transporte público, amables lectores, no es lujo.

¿Usted que opina?