Espero que se encuentren de maravilla querida familia, amigos y lectores. Les saluda su amiga, la Maestra Diana Alejandro. Una vez más les doy la bienvenida a este espacio de reflexión educativa llamado Aula Abierta, donde conversamos sobre las realidades que viven nuestros alumnos, nuestros maestros y quienes formamos parte del sistema educativo. La semana pasada hablábamos sobre las aulas sin maestro por falta de claves presupuestales; hoy quiero darle continuidad a este tema, pero desde otra perspectiva: la de los docentes que presentan evaluación para promoción vertical a cargos directivos y no son asignados.
Cada ciclo escolar, un número importante de docentes decide participar en el proceso de promoción vertical. Hablamos de quienes aspiran a ocupar cargos de subdirección, dirección o supervisión. Se preparan, estudian, revisan lineamientos, cumplen requisitos, suben documentación, presentan examen y aparecen posteriormente en una lista de prelación con un resultado que acredita su esfuerzo.
Sin embargo, llega la parte más frustrante del proceso: ser acreditado no garantiza ser asignado. Y lo más lamentable es que estos resultados tienen vigencia solo hasta el 30 de mayo. Si antes de esa fecha no se asigna una clave, esa evaluación pierde validez, independientemente del lugar en la lista o del puntaje obtenido. Es decir, puede haber docentes con buenos resultados, en lista, con todo en regla, pero si no se libera una clave antes del 30 de mayo, todo su proceso se invalida.
Esto nos lleva a una pregunta inevitable: ¿cómo es posible que existan escuelas sin directores o sin subdirectores y zonas escolares sin supervisores, mientras hay docentes acreditados esperando ser asignados?
La respuesta tiene una raíz burocrática y administrativa: hay escuelas o zonas que no están reportadas, no están validadas o no cuentan con claves presupuestales, a pesar de requerir personal directivo. Existen los espacios, existe la necesidad y existe el personal capacitado, pero la asignación no llega, no porque falte gente, sino porque faltan claves.
Esto genera una serie de situaciones muy complejas:
• Hay escuelas con encargados temporales porque no hay nombramiento formal.
• Hay zonas sin supervisión titular y con funciones delegadas.
• Hay directivos comisionados temporalmente.
• Hay aspirantes acreditados que no pueden ocupar un lugar porque “no existe clave asignable”.
Y aquí vale la pena reflexionar: ¿para qué existe la promoción vertical si no existen las condiciones para que esa promoción se materialice?
Porque el objetivo debería ser simple: que los grupos estén atendidos y que las escuelas estén dirigidas, no lo contrario. Sin embargo, quienes participan año con año terminan chocando con un sistema que avanza lento o no avanza, que se detiene entre trámites, validaciones y autorizaciones, dejando como saldo personal acreditado sin asignación.
Muchos docentes que presentan estos procesos salen decepcionados, no por no acreditar, sino porque el propio sistema les cierra el paso. Y cuando un docente ve que se esfuerza, se organiza, se actualiza, presenta examen, cumple cada requisito, aparece en lista… pero no se asigna porque “no hay clave”, la motivación naturalmente se desgasta.
Y volvemos a conectar con lo más importante: el impacto educativo.
Una escuela sin directivo titular enfrenta dificultades de organización, de toma de decisiones, de seguimiento administrativo, de control escolar, de gestión de recursos, de atención a padres de familia, de conducción pedagógica y de liderazgo. Esto afecta el clima escolar, el funcionamiento cotidiano y, finalmente, el servicio que se brinda a los alumnos.
Si recordamos el artículo 3º constitucional, donde se establece el derecho a la educación, entendemos que este derecho no solo se cumple teniendo alumnos en las aulas, sino teniendo estructuras completas, con docentes y con equipos directivos que den seguimiento adecuado a los procesos. Sin directivos, ese derecho queda incompleto.
Entonces la reflexión central es esta:
¿De qué sirve promover la cultura del mérito si no se garantiza la movilidad?
¿De qué sirve evaluar si no hay claves para asignar?
¿Cómo fortalecemos las escuelas si bloqueamos a quienes tienen el perfil para dirigirlas?
Una escuela sin maestro afecta el aprendizaje.
Una escuela sin directivo afecta el funcionamiento.
Y en ambos casos, existen personas formadas dispuestas a ocupar esos lugares.
Esto es lo que vuelve el tema tan delicado: el problema no es la falta de docentes ni de aspirantes, es la falta de claves y de validaciones administrativas.
Un problema humano que se vuelve burocrático y que merece una solución real.
Para cerrar, como cada semana en Aula Abierta:
Educar implica visión, estructura y dirección. Si queremos escuelas fuertes, necesitamos maestros en los salones y directivos en los planteles. La promoción vertical no debería convertirse en un laberinto sin salida. Cuando un docente acredita y no se le asigna, el sistema está perdiendo liderazgo y está frenando el crecimiento de quienes sí quieren servir desde la dirección.
Los invito a reflexionar durante la semana:
¿Cómo vamos a garantizar escuelas completas si no abrimos las claves para dirigirlas?
¿De qué sirve acreditar si no se asigna?
¿Cómo construimos un sistema justo si los espacios existen, pero no se validan?
¿Qué opinan? ¡Me encantará leer sus comentarios y abrir diálogo en comunidad!
Gracias por acompañarme en esta reflexión.
Con cariño a mis lectores.
Dra. Diana Angélica Alejandro Alemán
revistaeducativa.aulaabierta@gmail.com
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