Tengo que confesar que no soy tan aficionado al futbol, pero la final de la copa africana de futbol, no dejó de llamar la atención por la polémica provocada al final del partido entre Senegal y Marruecos. Un polémico penalti señalado por el árbitro al final del segundo tiempo, provocó tal disgusto en la selección senegalesa quienes, en protesta, decidieron abandonar el estadio… Sin embargo, regresaron a la cancha y, para sorpresa de todos, la jugada que daría el campeonato al anfitrión Marruecos, fue fallada de manera lamentable. Pocos minutos después, la casi desahuciada selección senegalesa, lograba el gol del triunfo que le dio el campeonato a Senegal.
La ironía fue de que, si hubieran abandonado la cancha hubieran perdido el juego y regresar a la cancha, fue lo que hizo que lograran el campeonato.
Quizás esta sea una analogía con la vida, ante las dificultades personales, familiares o sociales, en que, fácilmente, solemos darnos por vencidos y que tomando decisiones viscerales, nacidas más por los sentimientos que por la inteligencia, sin darnos cuenta que tal vez, con un poco más de perseverancia podemos cambiar una tragedia personal a una victoria.
Esta misma semana se celebró o recordó el Blue Monday”, llamado “el día más triste del año” el tercer lunes de mes, donde el frio, el clima nublado o el paso de los días festivos, dan paso a la depresión. (En realidad, el día como “el más triste”, me pasó totalmente desapercibido, hasta que lo vi en las redes sociales)
Es obvio pensar que caer en el pesimismo es lo más fácil para muchos de nosotros, agobiados por problemas que nosotros no buscamos, suelen hacernos pensar que todo está en contra de nosotros. En su mensaje de principio de año, el Papa nos llama a no dejarnos llevar por el pesimismo:
“Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: «Tengan la paz, hermanos. Si quieren atraer a los demás hacia ella, sean los primeros en poseerla y retenerla. Arda en ustedes lo que poseen para encender a los demás.
Ya sea que tengamos el don de la fe o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.”
No permitamos pues que el pesimismo, los recuerdos de experiencias fallidas, sean los que determinen nuestros sueños… o hagan realidad nuestras pesadillas. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.
padreleonardo@hotmail.com
