Hola, qué tal, querida familia, amigos y lectores les saluda su amiga, la maestra Diana Alejandro y como cada semana, les doy la más cordial bienvenida a este espacio de Aula Abierta, donde juntos reflexionamos sobre lo que pasa en nuestras escuelas, en nuestras aulas y en la vida de nuestros alumnos. Hoy quiero platicarles de un tema que quizá muchos están viviendo de cerca: la falta de maestros frente a grupo, aun cuando hay docentes listos para trabajar, y cómo esto toca directamente el derecho a la educación que nos marca nuestra Constitución.
En distintas instituciones educativas se repite la misma escena: hay grupos formados, alumnos presentes y horarios establecidos, pero no hay maestro asignado. Lo más delicado es que esto no ocurre porque falten docentes; al contrario, hay maestros evaluados, con perfil, formados, con ganas de trabajar y dispuestos a ocupar esos espacios. El problema está en que no existen claves presupuestales suficientes para nombrarlos oficialmente. Y sin clave, aunque el maestro esté, no puede entrar al aula.
Pensemos en lo que esto significa para los alumnos. Desde el mes de septiembre, en muchas escuelas han pasado semanas y meses en los que algunos grupos no tienen al maestro titular de cierta materia o de cierto grado. Se improvisan guardias, se juntan grupos, se piden “apoyos” a otros docentes, se dejan trabajos, pero todos sabemos que eso no sustituye una clase real y constante con un docente frente a grupo.
Aquí es donde entra en juego algo muy importante: el Artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece que toda persona tiene derecho a la educación y que el Estado está obligado a impartirla y garantizarla. Además, señala que la educación debe ser de calidad, equitativa, inclusiva y obligatoria en ciertos niveles. Es decir, la educación no es un favor ni un regalo, es un derecho humano reconocido en la Constitución.
Y entonces surge la pregunta: Si hay alumnos que pasan meses sin maestro, ¿ese derecho se está cumpliendo realmente?
Si no hay clases porque no se generan o no se liberan claves presupuestales, ¿Podemos decir con honestidad que el Artículo 3º se está respetando?
La ley dice que el Estado garantizará la educación. Pero en la práctica, en muchas escuelas, lo que estamos viendo es que la falta de claves se convierte en falta de clases. Y quien paga las consecuencias no es el documento, ni la oficina, ni el sistema, sino el alumno que se sienta en su pupitre y no recibe el acompañamiento docente que le corresponde.
Sabemos también que existen maestros comisionados, reasignados a otras tareas administrativas, horas que se cubren de manera temporal o compartida, y una serie de “ajustes” que buscan tapar el hueco. Pero la educación no se puede sostener eternamente con parches. Tener maestro frente a grupo no debería ser una excepción, sino la regla.
A veces hablamos mucho de calidad educativa, de nuevos planes y programas, de estrategias, de evaluaciones estandarizadas, de resultados académicos, pero nos olvidamos de una verdad básica: sin maestro no hay clase, y sin clase no hay aprendizaje. Podemos tener los mejores libros, los mejores discursos, las mejores reformas, pero si el alumno no tiene quien le enseñe, todo se queda en papel.
También es importante recordar que los maestros sí existen: están en listas, en procesos, en ventanillas, en plataformas, esperando una oportunidad; hay egresados de normales, de UPN, de licenciaturas en educación, dispuestos a ocupar esos espacios que hoy están vacíos. El gran problema no es la falta de vocación, es la falta de claves que permitan traducir esa vocación en presencia real en el aula.
Al final, el centro de esta reflexión es muy sencillo:
Lo más importante es que los alumnos tengan clases, que los niños y jóvenes encuentren a su maestro en el salón todos los días, que se garantice su derecho a aprender, y que el Artículo 3º no se quede como un texto bonito en un documento, sino que se viva en cada escuela, en cada grupo y en cada horario.
Para cerrar, como cada semana en Aula Abierta:
Educar no es solo abrir escuelas y tomar lista; es asegurar que en cada aula haya un maestro y que en cada niño exista la oportunidad real de aprender. Mientras existan alumnos sin maestro por falta de claves presupuestales, tendremos un derecho constitucional que, en la práctica, no se está cumpliendo. Y eso no debería parecernos normal.
Los invito a reflexionar durante la semana:
¿Podemos hablar de derecho a la educación cuando hay grupos que pasan meses sin docente?
¿Qué podemos hacer, desde nuestras trincheras, para que lo primero que se garantice sea lo básico: que los alumnos tengan clase todos los días?
¿Qué opinan? ¡Me encantará leer sus comentarios y abrir diálogo en comunidad!
Gracias por leerme y por ser parte de esta reflexión.
Con cariño a mis lectores.
Dra. Diana Angélica Alejandro Alemán
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