Mañana es de nueva cuenta una fecha en la que podrían -o no- entrar en vigor otros aranceles, los que ahora llaman “recíprocos”, en los que podrían estar incluídos -o no- México y Canadá, algo que a este punto se ha vuelto cansado, incluso un tanto repetitivo, pero que suele tener prácticamente el mismo impacto negativo en los mercados por el factor de la incertidumbre.
Si bien Estados Unidos es una economía crucial en el mundo, la desdolarización en decenas de países y las constantes amenazas arancelarias podrían jugar en contra de las intenciones del presidente Trump.
Para muchos analistas, ese constante ir y venir podría terminar por hartar a los presidentes de los países que están bajo constantes amenazas, quienes lejos de acceder a las demandas, podrían optar por cambiar sus relaciones comerciales.
Y es que se ha convertido en una relación tóxica entre Trump y sus homólogos, con amenazas y acuerdos o con expiración a corto plazo que no dan a la economía la estabilidad necesaria para las inversiones a mediano y largo plazo.
Es entendible para la mayoría que Donald Trump quiera regresar fábricas y empleos a Estados Unidos, sin embargo el modelo económico ha cambiado y para los empresarios podría no costear la inversión de trasladar sus naves industriales a territorio norteamericano y pagar los sueldos del primer mundo, cuando la administración no durará más de 4 años y sus medidas podrían expirar una vez que transcurra ese tiempo, pues legalmente no tiene derecho a una reelección, aunque el presidente estadounidense ha insistido en que existe un resquicio legal para poder contender a un tercer término.
Si bien no se han aplicado los nuevos y muy altos aranceles de manera general a los productos que ingresen a territorio norteamericano, la escalada de precios para los estadounidenses ya se ha comenzado a sentir, mientras que los ingresos no han aumentado.
En general, el sueño norteamericano es distinto hoy en día, pues para las generaciones más jóvenes, sin importar grado de escolaridad, acceder a una vivienda y otros bienes, es mucho más complicado y costoso que lo que en su momento fue para sus padres y abuelos; por lo que la economía es más frágil como para maniobrar temerariamente con ella.