Cerrar una tienda o un departamento para hacer un inventario, podría parecer una pérdida de tiempo o de dinero, ya que no se hacen ventas en ese día. Sin embargo, siempre es importante para una empresa revisar sobre aquellas mercancías que no vale la pena seguir comprando o de aquella que deberíamos conseguir más.
Lo mismo pasa con nosotros al fin del año, en que nos preguntamos sobre qué propósitos cumplimos y cuales dejamos a un lado. Al mismo tiempo, es el momento que solemos utilizar para hacer nuestros propósitos para el ya naciente 2026.
¿Cómo fue para usted el 2025? Solemos responder que los logros económicos o la adquisición de bienes muestran si un año es exitoso o no lo es.
No podemos hacer mucho para que las cosas cambien, pero de lo que sí somos dueños es de nuestra reacción ante ello. Por eso, lo invito a medir sus logros no por lo que adquirió, sino por lo que compartió. ¿Fuimos mejores personas? ¿Hemos sido una carga o un alivio para los que nos rodean?
Hace unos días, el Papa hizo los siguientes comentarios:
“Me gusta pensar que también puede ser así para nosotros, en nuestras jornadas laborales: cada uno de nosotros realiza su tarea y alabamos a Dios precisamente haciéndola bien, con dedicación. A veces estamos tan ocupados que no pensamos en el Señor ni en la Iglesia, pero el hecho mismo de trabajar con dedicación, tratando de dar lo mejor de nosotros mismos, y también -para ustedes, los laicos- con amor por su familia, por sus hijos, da gloria al Señor.
“Como escribió el amado Papa Francisco, para llamarnos a la alegría del Evangelio: ‘A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura’.
“Cuando la fragilidad de los demás nos atraviesa el corazón, cuando el dolor ajeno hace añicos nuestras sólidas certezas, entonces ya comienza la paz. La paz de Dios nace de un sollozo acogido, de un llanto escuchado; nace entre ruinas que claman una nueva solidaridad, nace de sueños y visiones que, como profecías, invierten el curso de la historia. Sí, todo esto existe, porque Jesús es el Logos, el sentido a partir del cual todo ha sido formado. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de lo que existe. Este misterio nos interpela desde los pesebres que hemos construido, nos abre los ojos a un mundo donde la Palabra todavía resuena, en muchas ocasiones y de diversas maneras, y nos sigue llamando a la conversión.”
Hasta aquí las palabras del Papa. Es cierto que debemos de preocuparse de satisfacer nuestras necesidades materiales. Pero un ser humano es más que eso. No somos acaparadores, somos responsables de lo que tenemos. No dejemos que las cosas nos posean, haciendo que nuestra felicidad dependa exclusivamente de ello. Esto lo han concluido los grandes pensadores, desde Confucio hasta Santa Teresa de Calcuta. Pero en ello, como siempre, usted tiene la ultima palabra.
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