En cada elección se debate relevancia e impacto real de la veda, pero en esta ocasión es aún más cuestionable por diversas razones.
Primero que nada hay que entender que el espíritu de esa disposición, que consiste en retirar toda difusión de lo que pudiera considerarse como un logro gubernamental, es para que el ciudadano “no se vea influenciado” en su decisión a la hora de acudir a las urnas, pero es justo esa parte la que está en duda, pues al final los hechos influyen más que los spots a la hora de reflexionar y decidir el voto, claro, para bien o para mal.
Podemos ejemplificarlo en las últimas elecciones estatales y municipales, en las que no importó la derrochadora propaganda que se realizó para el “Truko”, pues su asociación a Cabeza de Vaca y lo mal que dejó al Estado el exgobernador, no favorecieron la continuidad de ese proyecto, lo mismo ocurrió con Yahleel y Rivas, pues este último dejó tan mal a la ciudad, que los neolaredenses nada querían saber del PAN.
Sin irnos tan lejos, en la vecina ciudad y país, así como en muchas otras naciones, no existen medidas de este tipo.
Por otro lado, lo que sí provoca la veda es que muchos funcionarios por temor, desconocimiento o simple excusa, se pongan en la postura de no querer dar información alguna, incluso si ésta no va en el sentido del triunfalismo gubernamental.
En la cuestión noticiosa, este último fenómeno afecta de forma considerable y en varias ocasiones especialistas y el propio vocal ejecutivo del INE en la ciudad, han manifestado que la autocensura al nivel que se estila, es innecesario, pues de hecho la veda no es tan estricta, aunque sí muy específica en lo que se puede y lo que no, pero nunca parece quedar claro en los funcionarios que terminan sumándose a esa mordaza que ellos mismos se ponen.
UNA VEDA TAN INNECESARIA… COMO ESTA ELECCIÓN
Río revuelto
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