La franja fronteriza de Tamaulipas ha iniciado el 2026 bajo una presión hídrica sin precedentes recientes. Nuevo Laredo, junto a los otros nueve municipios de la frontera, se mantiene en semáforo rojo del agua, una medida ratificada por el Comité de Seguimiento del Cuidado del Agua debido a la escasa disponibilidad del río Bravo y el estatus de “Sequía Extrema” emitido por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).
A pesar de este panorama, las autoridades aseguran que el consumo humano está plenamente garantizado. El semáforo rojo funciona como un mecanismo preventivo para priorizar el uso doméstico y asegurar que el suministro llegue a los hogares sin interrupciones, siempre que la población mantenga un consumo responsable.
Los registros de este primer trimestre perfilan a 2026 como uno de los periodos más áridos en las últimas décadas. De acuerdo con datos de la CILA, las precipitaciones han sido casi nulas, situándose muy por debajo del promedio histórico de 65 milímetros para estas fechas.
Esta ausencia de lluvias ha provocado que la presa La Amistad descienda al 20% de su capacidad, un nivel crítico que no se veía desde mayo del año pasado.
Actualmente, solo el 5.4% del territorio tamaulipeco se encuentra en fase de sequía extrema, siendo Nuevo Laredo el punto
más afectado. Mientras el abasto urbano se mantiene seguro, el sector agropecuario enfrenta grandes desafíos. En los ranchos de la región, que abarca el norte de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, los productores han teni- do que recurrir al acarreo de agua en pipas debido a que las presas locales están secas y el forraje natural, como el nopal, se ha vuelto inutilizable por la extrema deshidratación.
Ante esta situación, Comapa y las autoridades ambientales han endurecido la vigilancia para evitar el desperdicio. Se aplicarán multas de hasta 500 UMAs a quienes realicen actividades no esenciales, como el lavado de banquetas con manguera, con el fin de preservar cada litro disponible en el río Bravo
