En Nuevo Laredo cada semana fallece al menos una persona en espera de un trasplante de un riñón que nunca llegó, pues durante el 2025 fueron al menos 53 pacientes en esas circunstancias y en los últimos cinco años, la cifra asciende a casi 400 personas, mientras que más de 500 pacientes siguen actualmente en lista de espera.
Entre ellos está Mary, quien vive de cerca el largo proceso de la insuficiencia renal. En el marco del Día Mundial del Riñón que se conmemora este día, historias como la suya evidencian la urgencia de fortalecer la cultura de donación de órganos, ya que para muchos pacientes un trasplante es la única oportunidad de seguir viviendo.
Mary estuvo en lista de espera en el IMSS de 2004 a 2009, cuando recibió un trasplante. Sin embargo, nueve años después su organismo rechazó el riñón y en 2018 volvió a las hemodiálisis mientras espera un nuevo órgano que mejore su calidad de vida.
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Explicó que su padecimiento no fue causado por diabetes ni hipertensión —dos de las principales causas de insuficiencia renal—, sino por atrofia renal.
También aclaró que el rechazo del órgano es un proceso que puede ocurrir de manera natural en pacientes trasplantados. Señaló que aún falta mayor conciencia desde las instituciones de salud sobre el cuidado y la donación de órganos, especialmente cuando la insuficiencia renal se ubica entre la quinta y sexta causa de muerte en Nuevo Laredo.
Gregorio Jesús Ortegón Martínez, urgenciólogo del Hospital de Especialidades, explicó que esta enfermedad está fuertemente relacionada con la diabetes y la hipertensión, padecimientos que también incrementan el riesgo de infartos y enfermedades cerebrovasculares.
Las autoridades de salud advierten que el problema podría agravarse: entre el 45 y 50 por ciento de las personas mayores de 50 años padecen una o ambas enfermedades, y cerca del 12 por ciento no sigue de forma constante sus tratamientos. Tanto la diabetes como la hipertensión aumentan el riesgo de insuficiencia renal y la necesidad de trasplantes.
Sin embargo, la donación de órganos sigue siendo insuficiente para cubrir la demanda, y la compatibilidad entre donante y receptor hace aún más difícil que los pacientes reciban el órgano que necesitan.
