Una tragedia sacudió a la comunidad neolaredense este viernes, luego de que un incendio de dimensiones catastróficas redujo a cenizas dos viviendas en la colonia Viveros.
El siniestro no solo arrebató el patrimonio acumulado por décadas de dos familias, sino que cobró la vida de un hombre de la tercera edad que, debido a una discapacidad física, quedó atrapado entre las llamas sin posibilidad de escape.
Las llamas, iniciaron en la vivienda marcada con el número 1210 de la calle Gutiérrez.
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De acuerdo con el informe de Humberto Fernández Diez de Pinos, director de Protección Civil y Bomberos, el fuego se originó por un cortocircuito derivado de instalaciones eléctricas deficientes.
La estructura de la casa, construida principalmente de madera y con una densa acumulación de artículos diversos —descritos como "cachivaches"—, funcionó como un acelerante natural.
En pocos minutos, lo que empezó como una chispa se transformó en un infierno que envolvió por completo la propiedad y se extendió rápidamente a la finca contigua, con número 1224.
En el interior de la vivienda 1210 se encontraba Rubén René, de 70 años, quien padecía una discapacidad que limitaba su movilidad.
Al momento del desastre, el adulto mayor se hallaba solo. Sus familiares directos —su hijo Rubén, de 54 años, y su nuera Sandra, de 52— habían salido a sus jornadas laborales.
Por su parte, la joven Ruth, de 28 años, y su esposo Alberto, habían abandonado el domicilio poco antes para llevar a su hijo de siete años a la escuela, llevando consigo también a sus otros dos pequeños de dos y un año de edad.
Esta circunstancia, aunque salvó la vida de los menores y los adultos, dejó al más adulto de la familia vulnerable ante el avance del fuego.
La tragedia también alcanzó a la vivienda 1224, donde reside el señor Ramón, de 70 años.
Su hija, Lourdes, de 30 años, relató los momentos de terror que vivió mientras cuidaba a su sobrino, un bebé de apenas siete meses. Al verse rodeada por el humo y las llamas, el pánico la paralizó, rehusándose inicialmente a salir de la estructura.
Fue entonces cuando surgió la figura de un héroe anónimo: un trabajador de una gasolinera cercana que, al percatarse del incendio y escuchar los gritos de auxilio, irrumpió en la propiedad para rescatar a Lourdes y al menor, logrando ponerlos a salvo justo antes de que el techo colapsara.
Mientras tanto, Ramón intentó desesperadamente salvar a su vecino y amigo de toda la vida, Rubén René. Sin embargo, la intensidad del calor y la densidad del humo negro le impidieron ingresar a la vivienda 1210, teniendo que retroceder con la impotencia de ver cómo el fuego consumía el hogar de su compañero.
En medio del desolador panorama, el coordinador de Protección Civil y Bomberos, Joel Silva Pulido, logró un pequeño rescate que brindó un rayo de esperanza a los presentes. Entre los escombros humeantes, localizó a una perrita que presentaba quemaduras visibles en su cuerpo.
El animal fue resguardado inicialmente por elementos de la Guardia Estatal y posteriormente trasladado a las instalaciones de Bienestar Animal, donde médicos veterinarios iniciaron un tratamiento de urgencia para salvarle la vida.
Tras sofocar las llamas, los equipos de emergencia procedieron a la recuperación del cuerpo de Rubén René. Autoridades ministeriales y peritos de la Fiscalía General de Justicia de Tamaulipas arribaron al lugar para dar fe del deceso e iniciar las diligencias de ley.
El director de Protección Civil, Fernández Diez de Pinos, reiteró el llamado a la población para extremar precauciones: "Fue un cortocircuito provocado por la acumulación de materiales y malas instalaciones", sentenció.
