En Nuevo Laredo, el clima, el calor y el frío forman parte de la conversación diaria. La ciudad vive bajo un clima extremo que se manifiesta con veranos prolongados y sofocantes, así como con inviernos breves pero intensos.
Durante gran parte del año, las temperaturas superan con facilidad los 38 a 40 grados Celsius, mientras que en temporada invernal se registran madrugadas con valores de un solo dígito e incluso cercanos a 0 grados o menos, debido a la llegada de frentes fríos del norte.
Team calor vs. team frío
El periodo más pesado para la población suele ser el verano. En redes sociales y espacios informativos locales se repiten comentarios sobre el regreso de los “calorones”, con pronósticos que anuncian 39 o más de 40 grados.
No son pocos los habitantes que señalan que la primavera parece desaparecer, dando paso directo a semanas de calor intenso acompañadas de bochorno y ráfagas de aire caliente que elevan la sensación térmica. Estas condiciones afectan la movilidad diaria, el consumo de energía eléctrica y las actividades al aire libre.
Sin embargo, cuando el termómetro baja, la reacción no es muy distinta. En los meses invernales, aunque cortos, las mínimas suelen colocarse entre los 6 y 9 grados Celsius, e incluso muy por debajo de ese rango al amanecer.
En esos días aparecen las quejas por el frío repentino, los memes sobre el llamado “febrero loco” y las imágenes de la gente usando chamarras gruesas. Para algunos habitantes, estas bajas temperaturas resultan incómodas, sobre todo porque llegan de forma abrupta tras largos meses de calor.
Invierno, un alivio temporal en la frontera
Aun así, hay quienes encuentran en el invierno un alivio temporal. Con el ambiente más fresco, se vuelve posible caminar o realizar actividades al exterior sin el desgaste que provoca el sol intenso. Esta percepción explica por qué, a pesar de las molestias, el frío suele verse como algo pasajero, una etapa breve que pronto queda atrás.
En términos generales, la mayoría de los fronterizos de Nuevo Laredo, así como de ciudades vecinas como Reynosa o Matamoros, se inclinan más por tolerar el calor que por adoptar el frío como preferencia.
La razón principal es la costumbre: durante ocho o nueve meses del año predominan las altas temperaturas, lo que convierte al calor en la condición habitual de la vida diaria. Las reuniones familiares, el uso de albercas y el consumo de bebidas frías forman parte del paisaje común en estas fechas.
'Team frío', con menos seguidores
El llamado “Team Frío” existe, pero es reducido. Quienes prefieren el clima fresco argumentan que se evita el sudor constante y el cansancio que genera el calor excesivo.
No obstante, el invierno en la región es tan corto que no permite que esa preferencia se consolide entre la mayoría de la población. La inconformidad más frecuente sigue siendo contra el calor agobiante que se extiende durante meses.
Con calor o frío, la 'carnita asada' nunca falla
Más allá de las diferencias de opinión, hay un punto en el que los habitantes coinciden. En Nuevo Laredo, sin importar si el termómetro marca cifras extremas hacia arriba o hacia abajo, las costumbres norteñas permanecen.
La "carnita asada" y la cerveza fría siguen siendo un buen pretexto de encuentro constante, ya sea bajo el sol intenso del verano o durante una noche fría de invierno. Estas reuniones funcionan como un espacio de convivencia que ayuda a sobrellevar cualquier condición climática.
Entre temperaturas extremas y cambios bruscos, el clima de Nuevo Laredo continúa siendo un factor que define el ritmo de la ciudad y la manera en que sus habitantes se adaptan, se quejan y, al mismo tiempo, conviven.
