En pleno centro histórico de Nuevo Laredo, Tamaulipas, aún se conserva la estructura frontal de lo que fue uno de los escenarios más emblemáticos del entretenimiento local. Aunque hoy el inmueble alberga un restaurante, la entrada principal mantiene la esencia arquitectónica de la antigua plaza de toros que durante años dio vida al sector y congregó a miles de asistentes.
Ubicada en la esquina de las calles Juárez y Simón Bolívar, a unos pasos de la Presidencia Municipal, la plaza fue durante mediados del siglo XX el principal foro para espectáculos en esta ciudad fronteriza.
Turismo y toros en la frontera
En una época en la que no existían grandes complejos de entretenimiento, el recinto se convirtió en el único espacio capaz de reunir multitudes para presenciar corridas de toros, funciones de box y combates de lucha libre.
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Las imágenes de la década de 1960 muestran el ruedo transformado en cuadrilátero, con el ring instalado en el centro para las peleas de boxeo y las luchas.
Esa versatilidad consolidó al lugar como centro de la vida social neolaredense. Familias enteras acudían los fines de semana para disfrutar de los eventos, mientras que comerciantes instalaban puestos en los alrededores, generando un ambiente festivo que se extendía por varias cuadras.
A los 'gringos' les gustaba mucho la fiesta brava
Uno de los aspectos más recordados es la constante presencia de turistas estadounidenses. Los llamados “gringos” cruzaban la frontera con entusiasmo para presenciar los espectáculos taurinos, atraídos por una tradición mexicana heredada de España.
Para muchos visitantes provenientes de Texas y otros estados del sur de Estados Unidos, asistir a una corrida en Nuevo Laredo representaba una experiencia cultural distinta y emocionante.
La plaza de toros, un imán para el turismo estadounidense
La plaza se convirtió así en un imán para el turismo fronterizo. Los hoteles y restaurantes de la zona registraban mayor actividad cuando se anunciaban carteles con figuras destacadas del toreo.
Las estrellas de la época llenaban los tendidos y generaban largas filas en los accesos. Era común ver vehículos con placas estadounidenses estacionados en las calles cercanas cada vez que había función.
Además de los eventos taurinos y deportivos, el recinto también fue escenario de presentaciones artísticas memorables. El comediante Cantinflas se presentó en ese lugar ante un público que abarrotó las gradas. También José Alfredo Jiménez y otros artistas lograron llenos totales, confirmando la relevancia del espacio como foro cultural.
Con el paso de los años, la actividad principal se trasladó a un nuevo inmueble construido al sur poniente de la ciudad: la Plaza de Toros Lauro Luis Longoria, inaugurada en 1994 y ubicada en la Avenida Monterrey No. 411, con capacidad para 8,000 espectadores. A partir de entonces, la antigua Plaza de Toros Nuevo Laredo quedó en desuso y eventualmente fue desmantelada en su interior.
Fachada de la plaza de. toros aún se conserva en pie
Hoy solo permanece la fachada original donde funciona un restaurante y parte del pasillo que conducía a los tendidos. Para las nuevas generaciones, el edificio puede pasar desapercibido, sin imaginar que por esa puerta ingresaron miles de personas para presenciar luchas, box, corridas y espectáculos infantiles.
En redes sociales, usuarios han compartido fotografías antiguas que reavivan los recuerdos de quienes asistieron. “Inolvidable para los que fuimos a los toros, luchas, box y las rondas infantiles”, escribió un internauta. Otro evocó los tradicionales “taquitos de tripita antes de entrar”.
Aunque la antigua plaza ya no funciona como escenario taurino, parte de su presencia física continúa siendo parte de la historia de Nuevo Laredo, Tamaulipas. La esquina de Juárez y Bolívar sigue ahí, recordando la época en que "los gringos" cruzaban la frontera para vivir de cerca la fiesta brava y cuando la antigua plaza de toros era el corazón del espectáculo en la ciudad.
