Un grave episodio de violencia comunitaria se registró en la zona de Tres Ojuelos, en el municipio de Temoaya, Estado de México, donde dos mujeres fueron agredidas físicamente por una turba de pobladores tras ser señaladas de ingresar con un perro a un manantial considerado sagrado por la comunidad y de acceso restringido.
El incidente escaló rápidamente luego de que vecinos del lugar las acusaran no solo de violar las normas locales al introducir una mascota en el área, sino también de presuntamente realizar prácticas rituales dentro del santuario natural, lo que generó indignación entre los integrantes del Comité de Protección del sitio.
Acusaciones y tensión en un espacio de valor comunitario
De acuerdo con los reportes locales, el manantial de Tres Ojuelos es un espacio protegido por usos y costumbres de la comunidad, donde se prohíbe estrictamente el ingreso de animales debido a su valor ambiental y simbólico.
La presencia del perro habría sido el detonante inicial del conflicto, pero las acusaciones sobre supuestas prácticas rituales incrementaron la tensión entre los habitantes, quienes decidieron intervenir directamente y retener a las visitantes. El ambiente se tornó cada vez más hostil, hasta que las mujeres fueron trasladadas a la comandancia de policía de la comunidad de Dolores para definir su situación legal.
Irrupción en la comandancia y agresión en vía pública
La situación escaló cuando un grupo de pobladores, al enterarse de que las mujeres podrían ser liberadas sin sanción mayor, irrumpió en las instalaciones de la comandancia. Los manifestantes sacaron a las detenidas esposadas y las llevaron a la vía pública, donde fueron golpeadas por varios minutos, pese a la presencia de elementos de seguridad que resultaron rebasados por la multitud.
Los hechos evidencian una pérdida de control por parte de las autoridades locales, que no lograron contener la agresión ni garantizar la integridad de las personas retenidas.
Daños a la comandancia y ausencia de detenidos
La violencia no se limitó al ataque contra las mujeres. Los inconformes también provocaron daños materiales en la comandancia de policía, rompiendo puertas, ventanas y mobiliario. Además, se reportó un incendio en una sección del edificio gubernamental, lo que incrementó la gravedad del incidente y generó una fuerte movilización posterior en la zona.
Hasta el momento, no se ha informado sobre personas detenidas por los actos de violencia ni por las lesiones causadas a las víctimas, quienes presentaron diversas contusiones tras la agresión. El caso ha abierto un debate sobre los límites de los usos y costumbres comunitarios frente al estado de derecho, así como sobre la capacidad de respuesta de las autoridades ante estallidos de violencia colectiva en comunidades rurales.
