La reciente tragedia ocurrida en la zona arqueológica de Teotihuacán, que conmocionó al país el pasado 20 de abril, ha dejado al descubierto detalles alarmantes sobre la preparación del atacante. Las autoridades del Estado de México han revelado que el individuo, identificado como Julio César Jasso Ramírez, destinó una suma superior a los 41 mil pesos para adquirir el armamento y los suministros tácticos utilizados en el atentado. Este nivel de inversión económica, sumado a otros hallazgos, apunta a una planificación meticulosa detrás del acto violento.
La inversión en armamento y equipo
El desglose financiero presentado por las autoridades estatales detalla que la mayor parte del capital fue invertida en un revólver calibre .38 especial, cuyo costo alcanzó los 40,000 pesos. A esto se sumó un gasto adicional de 10,000 pesos destinado a la compra de cartuchos de fabricación nacional.
En total, el atacante portaba más de cincuenta cartuchos sin percutir al momento de la agresión, además de contar con un cuchillo y diversos objetos personales, lo que sugiere que el individuo contaba con una capacidad de fuego considerable y premeditada para ejecutar su plan.
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Origen de las municiones y canales de adquisición
Uno de los puntos críticos de la investigación ha sido determinar cómo un civil pudo acceder a municiones de uso policial, las cuales se encuentran bajo un esquema de venta restringida. Según lo expuesto por el fiscal general del Estado de México, José Luis Cervantes Martínez, estas balas, aunque de fabricación nacional, se comercializan en mercados informales.
Las autoridades plantean dos escenarios principales sobre la fuente de adquisición: el acceso a través de canales ilícitos o la posible facilitación por parte de elementos de seguridad que abusaron de su cargo. La línea de investigación continúa profundizando para identificar el eslabón exacto que permitió el suministro de este material restringido.
El perfil del atacante y sus movimientos previos
El rastreo realizado por la Fiscalía ha permitido reconstruir las horas previas al ataque, revelando un comportamiento de aislamiento. El agresor llegó a las inmediaciones de la zona arqueológica tras hospedarse en un hotel cercano, utilizando vehículos de plataformas digitales para desplazarse.
Un hallazgo inquietante dentro de sus pertenencias fue la presencia de manuscritos y literatura relacionada con masacres ocurridas en Estados Unidos a finales de la década de los noventa. Este descubrimiento ha llevado a las autoridades a trabajar bajo la hipótesis de un posible caso de imitación o copycat, buscando entender si el atacante intentó replicar hechos históricos violentos.
Conclusiones sobre la soledad del atacante
A pesar de la exhaustividad del rastreo financiero y técnico, la investigación ministerial ha sido categórica respecto a la ejecución del atentado: el atacante actuó solo. Las autoridades confirmaron que, hasta el momento, no se han detectado indicios que sugieran la participación o colaboración de terceros.
Tras el ataque, que resultó en un operativo donde el agresor fue herido por elementos de la Guardia Nacional antes de quitarse la vida, el sitio arqueológico fue asegurado. Mientras tanto, las autoridades trabajan en cerrar las líneas de investigación respecto a las motivaciones profundas y la red de abastecimiento que permitió el acceso a un armamento tan costoso y restringido.
