Durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, uno de los temas que generó mayor atención fue la cancelación de permisos para recibir donativos a 336 organizaciones civiles, una medida atribuida al Servicio de Administración Tributaria (SAT). La mandataria fue clara al deslindarse de cualquier decisión directa, asegurando que no tuvo conocimiento previo ni participación en este proceso, el cual calificó como estrictamente técnico. Ante cuestionamientos de la prensa, la presidenta rechazó que la cancelación de estos permisos tenga un trasfondo político.
El SAT no me pregunta: ‘Oiga, presidenta, le quito a esta organización la posibilidad de que no pague impuestos por donación de una persona’; son evaluaciones estrictamente técnicas. Para que al donar no se cobre impuesto es una decisión técnica del SAT.
¿Qué implica la cancelación de donativos a ONGs?
El retiro de estos permisos significa que las organizaciones afectadas ya no podrán ofrecer beneficios fiscales a quienes les realicen donaciones, lo que podría impactar directamente en su financiamiento. Este tipo de autorizaciones permite que las personas o empresas que donan no paguen impuestos por esos recursos, por lo que su cancelación puede reducir significativamente el flujo de apoyo económico hacia las ONGs.
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Aunque no se han dado detalles específicos sobre las causas en cada caso, el SAT realiza evaluaciones periódicas para verificar que las organizaciones cumplan con los requisitos fiscales y operativos establecidos por la ley.
Debate y preocupación entre organizaciones civiles
La medida ha generado inquietud en diversos sectores, ya que muchas organizaciones dependen en gran medida de donativos para operar y mantener sus programas sociales.
Si bien el gobierno insiste en que se trata de un proceso técnico, especialistas y actores sociales han señalado la necesidad de mayor transparencia en los criterios utilizados para retirar estos permisos, así como claridad sobre las vías para que las organizaciones puedan regularizar su situación.
Mientras el SAT mantiene su postura de actuar bajo criterios técnicos, el tema seguirá generando preguntas sobre el impacto real en las organizaciones y en las comunidades que dependen de ellas. Por ahora, el mensaje de la presidenta es claro, no hubo intervención política, pero el alcance de la medida podría tener consecuencias importantes en el sector social del país.
