Si en Estados Unidos existe el Monte Rushmore y la Isla de Pascua tiene a los Moái, en México también hay un rincón donde la piedra toma forma de rostro humano. No es un parque temático ni un sitio masivo: es un bosque en Querétaro que guarda, entre senderos y silencio, un par de cabezas gigantes talladas en roca.
El lugar es poco conocido y justo ahí radica su encanto, rodeadas de naturaleza, las llamadas cabezas gigantes de Escolásticas aparecen como una sorpresa para quienes se animan a salirse del circuito turístico tradicional y prefieren los planes que mezclan caminata, paisaje y curiosidad.
Aunque popularmente se les llama “cabezas gigantes”, su nombre oficial remite a la comunidad donde se ubican; están a unos 500 metros del Rincón del Matambre, dentro del ejido de Escolásticas, en el municipio de Pedro Escobedo.
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Las esculturas fueron realizadas en 2014 y representan dos figuras: una masculina y otra femenina. el rostro del hombre indígena fue tallado por el escultor ítalo-colombiano Fernando Arévalo. La segunda pieza estuvo a cargo de Martín Nieto, quien originalmente concibió la obra como una virgen, aunque el proyecto derivó en un rostro femenino distinto al planteamiento inicial.
Más allá de la estética, las cabezas nacieron como un ejercicio de identidad, pues, según explicó el propio Nieto, la intención era crear por gusto, dejar huella y visibilizar a un pueblo con larga tradición en el trabajo de la piedra y la cantería, oficio que ha definido a la zona por generaciones.
Como ocurre con muchos espacios envueltos en bosque y misterio, no faltan las versiones alternas, hay quienes aseguran que las esculturas fueron obra de una antigua cultura prehispánica de Huimilpan, aunque en realidad se trata de intervenciones contemporáneas, aun así, el entorno hace que el mito resulte fácil de creer.
