El primer y tercer homicidios del año fueron por balas que no iban dirigidas a las víctimas fatales.
Moisés Jaimes, de 44 años de edad, perdió la vida por una de miles de balas perdidas que se disparan en los últimos instantes del año viejo y primeros minutos del nuevo año.
Ocurrió en la colonia Los Presidentes, cuadra 40 de calle Puebla, fue llevado por ambulancia-helicóptero a un hospital en San Antonio, Texas, donde falleció. Ese homicidio es casi seguro que no se podrá resolver.
El segundo asesinato fue el del menor Ricardo Castillo, de solo 18 años de edad, baleado el lunes 2 de febrero en calle Kearney entre las avenidas Urbahn y Malinche, le disparó Dilan Johsafath Herrera, de 19 años. Se trató de una pelea entre delincuentes juveniles de amplios antecedentes, dos grupos.
Con Herrera fueron detenidos un menor de 16 años, Julio Cruz, de 18 años, quien recibió un navajazo en esa riña entre varios miembros de dos grupos delincuenciales de juveniles; el cuarto detenido es Brian Alexander Rosales, de 19 años de edad.
Y la tercera vida cobrada ocurrió este lunes 20 de abril, en la cuadra 59 de avenida San Bernardo, Luis Fernando Márquez, de 60 años de edad, visitante del estado de Iowa, caminaba por ese sitio acompañado de su mujer, cuando lo alcanzó una bala disparada desde el vehículo de un rijoso conductor que riñó contra otro automovilista.
El plomo perdido fue a dar contra la humanidad de un inocente peatón, matándolo.
