El caso de Yohana Manuela Ortiz Fernández, de 33 años, ha conmocionado por la gravedad de sus lesiones tras un accidente ocurrido el pasado febrero en Lambaré, Paraguay. La mujer permaneció internada en el Hospital Ingavi del Instituto de Previsión Social, donde especialistas enfrentaron uno de los escenarios médicos más complejos, la pérdida total del cuero cabelludo y severos daños en ambas manos.
De acuerdo con los reportes, Yohana viajaba como pasajera en una motocicleta. En algún punto del trayecto, el conductor perdió el control o se produjo una maniobra peligrosa que terminó acercándolos demasiado a un camión urbano que circulaba cerca. En medio de esa situación, Yohana salió proyectada o quedó en una posición vulnerable junto al vehículo de gran tamaño. Fue entonces cuando su cabeza hizo contacto directo con una de las ruedas del ómnibus, que estaba en movimiento.
La fuerza y el peso del neumático, sumados a la velocidad, provocaron una lesión extremadamente grave en cuestión de segundos. El contacto no fue un simple golpe: el giro de la llanta generó un efecto de arrastre que desprendió por completo el cuero cabelludo, dejando el cráneo expuesto.
El desafío médico: mantener con vida el tejido
Aunque la paciente se encontró estable en abdomen y pelvis, la situación en su cabeza y extremidades superiores sigue siendo delicada. El principal reto para los médicos es evitar que el hueso craneal se deteriore, lo que podría comprometer aún más su estado de salud.
El tratamiento no consiste en una sola intervención, sino en un proceso prolongado que implica múltiples cirugías. Equipos de neurocirugía y cirugía plástica trabajan de manera coordinada para estabilizar las heridas, limpiar el área afectada y preparar el terreno para futuras reconstrucciones.
Estas limpiezas profundas, conocidas como “toilettes” quirúrgicos, son fundamentales para reducir el riesgo de infección en heridas consideradas altamente contaminadas debido al tipo de accidente.
Lesiones en las manos: otra batalla crítica
Además del daño en el cráneo, los especialistas enfrentaron otro reto igual de complejo: el desenguantamiento de ambas manos. Esta lesión ocurrió cuando la piel se desprendió de forma violenta, dejando expuestos músculos, tendones e incluso huesos.
En el caso de Yohana, la mano derecha presentó fracturas en casi todos los dedos, así como dificultades en la irrigación sanguínea, lo que puso en riesgo su viabilidad. Por otro lado, la mano izquierda mostró signos más alentadores, con recuperación del pulso y mejor respuesta al tratamiento.
Los médicos describieron esta etapa como una “batalla silenciosa”, donde cada decisión podía marcar la diferencia entre conservar o perder la funcionalidad de las extremidades
Una reconstrucción larga y compleja
La mujer permaneció dos meses internada y fue sometida a más de 15 cirugías tras el accidente. Aunque logró sobrevivir, presenta secuelas permanentes, le amputaron el pulgar de la mano derecha, no puede extender el brazo izquierdo y requiere asistencia constante, además de enfrentar un largo proceso de recuperación física y emocional.
También denunció que no podrá recuperar el cuero cabelludo, lo que ha afectado profundamente su estado psicológico. A esto se suma que la empresa involucrada no se hizo responsable de los gastos y que, según relató, la Fiscalía determinó archivar el caso al no haber una víctima mortal, situación que ahora busca impugnar junto a su defensa legal.
